09 julio, 2011

La muerte es un videojuego

Hoy voy a hablar de un tema escabroso, pido perdón de antemano. Al grano:

Teorías sobre la muerte tengo muchas, como todos las tenemos, descabelladas algunas, con una gran mata de pelo otras, inverosímiles quizá, probables otras. Una de la que no he hablado jamás a nadie, y en la que algún día profundizaré, y que en este preciso momento en el que la lees, querido lector barra lectora, accedes a una exclusiva mundial es la de que cuando una persona muere, desde ‘allí’ puede seguir viendo este mundo desde cada una de las cámaras que tendría, cámaras que no serían más que cada una de las fotografías o imágenes que existieran de esa persona. Lo dicho, profundizaré, pero no será hoy.

La de hoy es la de que la vida es como un videojuego. Cuando te mueres, todo vuelve a comenzar por la primera pantalla, como en un Shadow Warriors, Super Mario Bros o Kabuki Quantum Fighter de la vida (nombres que recuerdo de mi infancia). Cuando todo vuelve a comenzar se te vuelven a crear los “patrones” vitales habituales: una familia, un cuerpo, un planeta, un universo, una personalidad, un destino, unos avatares negativos y otros positivos. En ese momento se te dice: ¡Juega! La duda que quizá me queda ahora es la de si como pasa en el caso de los videojuegos, la experiencia de las partidas anteriores nos vale en la siguiente. Yo creo que no, salvo que realmente nuestra vida la estuviese jugando desde fuera otra persona, cual chaval enganchado a unos mandos.



Así, nuestros seres queridos no son más que personajes creados artificialmente. El mundo no es más que una ilusión de ceros y unos muy bien colocados y aunque mi visión suena tan ególatra, no puede venir ningún Descartes, Platón o Sócrates de la vida a asegurarme que no sea así. Quizá esa sea la ventaja…

En el fondo es otra modalidad de reencarnación, y también acepta el “modo católico on”, de vivir la siguiente partida en un cielo o en un infierno, por lo que tampoco se aleja tanto de los modelos más vendidos. Se nos crearían nuevos escenarios para la siguiente partida, e incluso se nos crearía un nuevo videojuego, donde un planeta ya no es un planeta, y una planta o una amiga no son conceptos computables, pero en el fondo es porque se han transformado en otra cosa igual de gratificante.

No desarrollo más la idea, para eso tendría que pararme más, y como no me pagan para ello las editoriales como a un Kundera o Marina de la vida, ahí la dejo.

Para terminar, se me ocurre que quizá esta idea de vivir otras vidas virtuales no sería posible que se le hubiera ocurrido a una persona de hace 2 milenios, ya que estos conceptos de realidad aumentada, virtualidad y tal, ni existían. Posiblemente cada uno piensa según los cánones y las herramientas que tiene en su época, y aunque los pensamientos realmente son muy parecidos, lo distinto son los vehículos para expresarlos y las metáforas, que varían en función del medio. Quizá dentro de dos milenios piensen cosas que ahora mismo ni nos caben en la cabeza, bueno, quizá nosotros mismos en futuras partidas de este videojuego seamos los que lo hagamos. ¿Insert Coin?

2 comentarios:

Mary Loveless dijo...

A pesar de todo, me gusta esta partida, me aterra la idea de perder y volver a la "pantalla inicial"

Saludos!

Javi dijo...

Pues sí, a mí lo que me aterra es al final no tener unos céntimos para volver a echar otra partida..., en todo caso, esta partida es maravillosa

¡Saludos y gracias por pasar por aquí!