24 febrero, 2020

Saliendo del armario: soy no-futbolero

He estado tantos y tantos años dentro del armario, metidito, allí donde se estaba caliente; pero creo que con la llegada de 2020 es el momento adecuado para salir y descubrir mundo, para gritar a los cuatro vientos y ¡que se sepa lo que soy!

Desde siempre supe que era diferente, aunque en su momento en esa tierna infancia despreocupada, no le di importancia. Los otros niños jugaban en sus patios a la pelota tirándola contra la pared, quizá con sus hermanos o padres echándosela el uno al otro con el pie, a saber cómo, pero siempre con la pelota.

Cuando llegó el colegio, algunos de ellos tenían en sus mochilas escudos de clubes de fútbol, pegatinas en los estuches, fotos en las carpetas o incluso aparecieron en algún cumpleaños vestidos con una de esas equipaciones completas hasta con sus medias.  Luego, en la calle se ponían gorras de sus equipos favoritos, se colocaban pines con esos escudos, y comenzaban a coleccionar álbumes de cromos.



Ahí comenzó la época de las estampicas, los intercambios, los "síle, nole", las repetidas, jugar a los "santicos" y gastarse media paga en sobrecitos. Por entonces los bollycaos, los phoskitos quizá, los matutano y hasta los nesquik regalaban algo relacionado con el fútbol, que todos coleccionaban ávida y compulsivamente.  Yo, por supuesto intentaba participar de todo ello, como un niño más en cierta manera arrastrado por la corriente, y por otro para que no se me notara que era "no futbolero", que ya sabía yo por entonces que era diferente, y tanto...

En los recreos se organizaba siempre el partidillo, y en Educación Física hasta el profesor montaba los equipos para que estuvieran bien organizados. Todo el mundo hablaba del partido del sábado que echaron en Canal Sur, y se ilusionaban por el próximo Mundial o Eurocopa. Yo, me mantenía al margen, más allá de que intentaba no quedar marginado, así que tenía preparado siempre algún comentario "técnico" por si surgía la ocasión, del tipo: "qué partidazo" o "qué entrenador más malo el Van Gaal", con los que iba salvando cada situación.

Los fines de semana era locura con Estudio-Estadio, mientras yo prefería ver las series, y por supuesto siempre todos los niños detrás de un balón, mientras yo pensaba y pensaba cómo escaquearme.

Así, fueron pasando los años y mis compañeros se apuntaron a un equipo, fueron jugando, subiendo de categoría, mientras yo me apuntaba a otras cosas, pero no se me notaba porque les acompañaba alguna vez a los partidos del equipo del pueblo, siempre haciendo mis comentarios típicos para salir del paso.

El tema de ser "no-futbolero" es algo que la sociedad de hace años prácticamente marginaba, y te hacía ser un paria social, estando casi penado, no realmente pero sí socialmente, provocando lo que se llamaría un suicidio social, al enterarse todo el mundo de que lo eras. Pero nosotros somos personas como los demás, y simplemente por tener unas inclinaciones diferentes a la mayoría, no tenemos por ello que ser discriminados.

Luego, empezó a haber gente que salió del armario y lo dijo públicamente, incluso gente famosa diciendo que no eran futboleras. Yo me animé y se lo conté a mis primas, pero se rieron de mí por serlo, ya que ellas también eran muy futboleras. Lo olvidé por unos años, esperando tiempos mejores.

Mientras, en la tele todo era lo mismo, una locura de fútbol que hacía impensable que a alguien pudiera no gustarle, y fue entonces la época de la Universidad, cuando por fin conocí a gente distinta más allá de las del pueblo, y encontré un mundo nuevo donde cada uno podía ser lo que quisiese, ya fuera tocando instrumentos, haciendo senderismo, practicando con un ábaco por diversión (si es que se puede), jugando al Warhammer o a saber qué. Sí, había muchos no-futboleros en la Uni, y me uní a ellos tan rápido como pude.

En el pueblo lo seguí ocultando unos años más, mientras me apuntaba a peñas de equipos, a grupillos para jugar pachangas e incluso al futbito, hasta que finalmente apareció un club de cata de vino y roscones de reyes y ahí que me apunté, a ese y al de encajeros de bolillo, y también al de senderismo y al de aficionados a los coches antiguos y a la colombofilia (que como pocos no lectores de Zipi y Zape saben no es hacerse fan del tío que descubrió América, sino de las palomas). A partir de ahí lo dije abiertamente a mi familia y amigos: yo soy no-futbolero...



Al principio no me entendían, algunos con los que jugué al fútbol, cambié estampicas o grité gol, se sintieron engañados y se enfadaron conmigo, pero poco a poco lo fueron entendiendo. Después llegó el primer año de la cabalgata del orgullo no-futbolero, los derechos sociales adquiridos con la llegada de gobiernos más tolerantes: los no-futboleros podíamos ir en el coche sin escuchar RadioEstadio o RadioGacetadelosDeportes, los no-futboleros podíamos entra a un bar y salir luego de él sin haber hablado de fútbol, los no-futboleros podíamos responder "no soy de ninguno", "no me gusta el fútbol" cuando se nos preguntara de qué equipo éramos, podíamos visitar una ciudad sin ponernos en la lista de lugares el estadio municipal, o podíamos regalar algo distinto de balones a nuestros hijos.

Sí, ha cambiado el mundo mucho desde aquellos primeros momentos en que me di cuenta de que yo era no-futbolero, yo creo que no era para ponerse así, que no es para que la sociedad fuera tan dura como nosotros (ni que ser "no-futbolero" fuese como ser gay), pero ahora sí puedo decir a los cuatro vientos cómo soy, qué soy, qué seré siempre: no-futbolero.

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