08 octubre, 2007

Al oler un recuerdo en un agosto cualquiera

Por un momento me he dado cuenta de lo que realmente somos. Ahora me ha olido a tapas con aquella chica. Por un momento he vuelto a desear una noche sin cenar junto a ella, porque hablábamos sin parar más allá de las 11.

Es increíble lo que somos: hoy blanco, mañana negro, contradictorios. No podremos decir que de esta agua ya no beberemos. Impredecibles, simples seres que funcionan a impulsos provocados por percepciones de sus sentidos. Una visión, un sonido, un olor, un sabor, un tacto, una intuición pueden hacernos cambiar totalmente de parecer; hacernos cambiar una decisión que teníamos más que sopesada, y salir de un estado de depresión para animarnos momentáneamente por un simple recuerdo, que posiblemente no es más que eso, y sólo una ensoñación de retomar algo que no volverá.

Y es curioso que después vuelvo a donde olí y ya no noto nada, desapareció, y me vuelvo a sumir en la profundidad, mas puedo recordar lo que me evocó el olor, mas no recuerdo ya ese olor. Esta mañana soñé con mis dos chicas de este año: a una la cogía en mis brazos, y a otra la besaba en los labios. Déjalo, es sólo un recuerdo, son sólo recuerdos de épocas pasadas, aún presentes, que incluso podrían volver en forma de situaciones parecidas, reconfortantes, que hacen sentir bien a uno. Ya se fue el olor, el momento, pero el recuerdo de lo evocado está ahí. Sí, aún sueño, aún vivo, aún siento, aún me queda tanto por decir, aún me queda tanto por vivir. Sé que saldré, que algún día lo superaré. Huele a tapas, a cena, suena a Champions, y mi mente vuela. ¡Está viva!

2 comentarios:

Jesus dijo...

Y es hay recuerdos que huelen tan bien que hacen llorar...

Javi dijo...

Pues sí, pero los mejores son los que te hacen mirar para arriba con una sonrisa (no sé si es mirando hacia la derecha o la izquierda para evocar... ). Esos, aquí los quiero todos.

Un abrazo jesusito