Pues claro, el irrepetible eclipse del siglo
A ver, habiendo habido un irrepetible eclipse solar total en España esta semana, ¿de qué pensáis que iba a hablar en la entrada de hoy de mi blog? ¡Bingo, sois perspicaces como linces y lincesas!, pues claro: hoy hablamos de EL ECLIPSE.
Y antes de nada me gustaría comentar el revuelo formado, y es que nos metemos en nuestras redes sociales y vemos como da la impresión de que todo el mundo habla de lo mismo y hay una expectación enorme, y lo aceptamos como normal y empezamos a conversar sobre ello nosotros también realimentando la madeja, por lo que otros nos escuchan ya en el "boca-a-oído" y todo se vuelve viral como un Covid del tres al cuarto. Al final las redes sociales son la nueva "agenda setting" que nos marca lo que tenemos que pensar y comentar cada día, sustituyendo a lo que eran antes el Telediario o el periódico de la mañana.
Total, que si todo el mundo habla de ello, los que venden tampoco van a ser menos, y así todos los 'influencers' tienen que comentarlo, las cuentas gubernamentales y de organizaciones varias, los clubes deportivos, y toda empresa que venda gafas del eclipse, camisetas del eclipse, bolis o pelotas de playa del eclipse... ¡Cómo no!
Camiseta del eclipse de latostadora.comY de pronto es como si un 'lobby' enorme confabulara contra todos nosotros haciendo que un eclipse que normalmente pasaría un poco inadvertido para el público en general, más allá de frikis pluridisciplinares, institutos de astrofisica, parques de las ciencias o facultades, de pronto se convierta en "lo único", y se pase de hablar sobre ello con condescendencia, intentando no herir la sensibilidad de los "raros" que lo van a ir a ver, que van a viajar al norte expresamente o hacer cientos de kilómetros en un día, a directamente censurar (o hasta insultar) al que va a perder la oportunidad única en la vida de verlo, algo que jamás vamos a olvidar, que siempre recordaremos donde estábamos, etc... Incluso algunos lo tendrán grabado en sus retinas para siempre, literalmente... (y nótese que digo "literalmente" como lo usamos los nacidos en el siglo XX). Que sí, que es algo único en la vida, el eclipse del siglo, aunque el año que viene haya otro exactamente igual o incluso mejor porque dura mucho más tiempo. Se puede establecer un cierto paralelismo con las auroras boreales, que los que las han visto dicen que es una sensación irrepetible que hay que vivirla, aunque miles de millones de personas no las vayan a ver nunca y tampoco pase nada.
Por supuesto, es cierto que en España no se había visto ningún eclipse total desde 1912 (o eso dicen, porque no conocí a los dos abuelos, ocho bisabuelos, seis tatarabuelos y dos "trastarabuelas" que me lo podrían haber contado), y que el mejor eclipse parcial que hemos tenido desde entonces en el país fue en 1999, por lo que de las últimas generaciones sólo lo hemos visto los millenials como mucho. Así que sí, dejemos a la gente ilusionarse por algo único, pero claro, no me obligues a mí a ilusionarme también, porque si fuera al revés no te gustaría que la gente censurara tu tendencia suicida de ir a un sitio para mirar directamente al sol, con lo que ello conlleva. En este caso, la verdad es que hay una enorme franja diagonal en el país que lo ha visto como "eclipse total", que es la leche, siendo un "eclipse parcial de enorme grado a más de 95%" para el resto del país, entre los que me he encuentro.
Recuerdo perfectamente ese eclipse parcial de agosto de 1999, que fue por la mañana, y que como nota folklórica y anécdota recordable tuvo la ocurrencia del modisto gallego Paco Rabanne que profetizó la caída sobre la Tierra de la estación rusa MIR. A pesar de no haber aún casi ni internet ni móviles, las radios, periódicos y televisiones hicieron que nos enteráramos y lo esperáramos con cierto interés. Yo lo viví desde casa, desde mi salón, notando claramente cómo el cielo comenzaba a oscurecerse de repente, y para ambientar me acuerdo que puse el Tubular Bells III de Mike Oldfield (seguramente la primera canción "The Source of Secrets" por sus imponentes campanicas), recién publicado meses antes y a todo volumen en una cinta de cassette, toma 'frikada millenial' que ahora no sería posible sin Spotify. Pero vamos, ni se lió tanto ni estaba la gente hablando todo el día de él, ni se paraban coches a hacer fotos ni al día siguiente se inundó todo de imágenes y conversaciones sobre el mismo, normalidad que se podría decir, porque hoy en día, veintisiete años después, normales normales, no somos ya, ni remedio tenemos.
En fin, que aunque yo no tenía mucha ilusión a priori (y normalmente en estas cosas soy de los que cuanto más parece que por todos lados me obligan a querer hacer o ver algo en plan rebaño, más reticente empiezo a ser), lógicamente era consciente del momento (que no era para tanto en Andalucía al ser 95% parcial, claro, aunque nos fueran a inundar de imágenes y vídeos, y de antemano nos tuvieran ya inundados de recomendaciones, gafas homologadas de regalo, supersticiones y bulos), por lo que integré el eclipse en mi vida diaria planificando una de mis salidas en bici para el mismo día, y a la misma hora que ya solía salir, que por casualidad era la del acontecimiento.
Dos días antes pasé por la zona del Llano de la Perdiz en Granada, tocando más o menos la ruta por la que pasará el circuito final de la ultima etapa de la Vuelta a España el mes que viene, y ya estaban ahí las señales policiales indicando que no se podía aparcar, esperando un aluvión brutal, aún inverosímil e inesperado para mí, pero quién sabe. Sí, ya se notaba que algo extraordinario iba a pasar, y de camino estuve más o menos oteando si la situación para al menos ver de reojo el sol era la adecuada, claro, que más allá de un vistazo de soslayo no iba a echar teniendo en cuenta lo de poder quedarme ciego; y más aún, porque en el caso de los eclipses, lo maravilloso y digno de recordar y fotografiar suele estar al otro lado del disco solar y su equivalente lunar: en los que lo miran, en el cambio del paisaje, en la gente estupefacta, en los animales confundidos, en el cambio de temperatura y color, en las pequeñas cosas empequeñecidas ante la grandeza de los astros, ni más ni menos, y un largo etcétera.
Y así, burla burlando, y entre gafas no homologadas, recomendaciones de una militante de Ciudadanos que se quedó ciega en un anterior eclipse, histeria colectiva para no dejar a niños y mayores mirar más de un segundo, carteles de gafas agotadas e incluso recomendaciones de la DGT para no conducir con las gafas sí homologadas de eclipse puestas, ni hacer fotos o vídeos conduciendo (conociendo el rebaño de cabras motorizadas que tienen que gestionar es normal que tengan que hacer tan descabelladas y distópicas sugerencias), el pasado día 12 de agosto de 2026 a las 19.35 de la tarde, aproximadamente, la Luna Nueva que llevaba ya unos días posicionándose para preparar tamaño acontecimiento, se empezó a superponer delante del Sol (que como todos sabemos, está más lejos, atrás, por lo que sí, la Luna a veces, en la inmensidad de la cúpula celeste puede pasar delante de él provocando largos y tediosos artículos como este), y unos minutos después ya salí yo con mi bici a su encuentro, que os cuento a continuación, y no, no me puse más que mis habituales gafas de sol, porque mientras tanto, en farmacias:
Lo primero de todo es que minutos antes pegaba ver un eclipse lo que yo me sé... porque se caían 41 grados de temperatura a las 6 de la tarde. En fin, cuando salí no se notaba demasiada diferencia con un día normal, con la ciudad desprovista de sus nativos y sus estudiantes, y sólo los guiris y los hosteleros manteniéndola viva. Eso sí, subiendo la cuesta de Gomérez ya vi las primeras personas con gafas de eclipse, algunas empezando a mirar esos primeros momentos. Más adelante, pasado el Cementerio de San José y ya en la subida al Llano, efectivamente se veían los primeros coches aparcados en los lados transgrediendo la norma que dictaban los carteles policiales, pero sin ser gran cosa, más allá de parecer unos simples domingueros, nada raro. La gran diferencia es que ya en este primer tramo me adelantaron hasta 7 coches, cuando normalmente me adelantan 0 ó 1. Por la zona miré ya una pizquilla hacia atrás con las gafas de sol viendo por primera vez la muesca de Luna comiéndose el disco solar.
Una vez pasado el cruce con el camino de la Silla del Moro, ya sí hubo una zona con más vehículos hasta llegar a una curva que miraba hacia el eclipse, más arriba del Aljibe de la Lluvia, donde sí habría 30 ó 40 personas apostadas, la mayoría bastante jóvenes. En total en este área conté 56 coches y 7 motos, aparte de dos que me adelantaron y el camión de los bomberos preparado por si acaso pasaba algo gordo en forma de incendio. Mirando hacia arriba ya se veía gente por la zona del Reloj de Sol. Como curiosidad, no vi hacer nada raro a los animales, aunque por ejemplo respecto a los domésticos dicen que a ellos les da igual. A esas alturas el eclipse estaba avanzado, y la sensación de luz era como si hubieran puesto una bombilla de menos potencia de repente en el Sol (más o menos como recuerdo el de 1999), y mirando justo al lado de árboles empezaba a verse el disco superbién con una muesca grande tapándolo.
Después, nada de nada de vehículos hasta llegar al Llano de la Perdiz, que estaba atestado como nunca lo había visto, aparcados allí unos 218 coches, con presencia policial y de Protección Civil para cubrir el acontecimiento y la aglomeración subsiguiente:
Los policías iban comentando entre ellos el eclipse, estando atentos a ver en qué momento llegaba a su cénit y empezaba el declive, lo que indicaba efectivamente que empezarían a salir coches para Granada. Yo aproveché justo ese momento, a las 20:40 más o menos para ir bajando, entre la fila de coches, paladeando el momento y tomando alguna instantánea del eclipse; aunque teniendo simples gafas de sol, lo hacía con mucho cuidado y a sorbitos, aprovechando los momentos en los que el sol me quedaba entre los árboles y sí era fácil vislumbrarlo sin peligro.
Poco a poco tenía incluso que adelantar a los coches, pues el camino es tortuoso y penoso y lleno de baches, pedruscos y agujeros que parecen puestos por la asociación de talleres granadinos, y finalmente dando de nuevo al cementerio, a la entrada de la Alhambra y la bajada fresquita y deliciosa de la Cuesta de Gomérez atravesando el Bosque de la Alhambra, donde había bastantes grupillos, más de lo normal, llegando finalmente a Plaza Nueva ya con el sol eclipsado despidiéndose poco a poco hasta la próxima.
A partir de ahora sí podemos hablar con propiedad, y evidentemente ha de merecer la pena ver el disco negro total, tiene que ser una sensación única e indescriptible en la vida (ojo, como muchas otras que tenemos la oportunidad de vivir, que parece que los que han visto el Total ya han vivido una irrevocable vida mejor que los demás) y me parece aún sorprendente que se pueda ver todo oscuro, que se vaya a hacer de noche, que podamos ver las estrellas, las llamaradas, las perlas de Bailly esas, a saber... Y sí, a pesar del eclipse, y mientras todo el mundo reparaba en los astros, Granada seguía tan bonita como siempre...
No quiero dejar pasar a la gran culpable de todo este asunto, sobre todo teniendo en cuenta la necesaria perspectiva de género en un eclipse, pues siempre estamos hablando del Sol, una y otra vez, como si fuera el principio y el fin del eclipse, pero no... es la Luna la que nos lo ha proporcionado con su arrojo y valentía de ponerse delante del Astro Rey, así que hay que agradecérselo y reconocérselo a ella también. Como curiosidad "tonta", podría decirse que nunca habíamos visto la Luna Nueva, y resulta que la Luna Nueva es negra, justo como ya la habíamos visto en los almanaques.
Y como a veces ocurre con los enormes e irrepetibles acontecimientos interplanetarios y conjunciones siderales milenarias de astros (que literalmente esta lo fue), el año que viene se volverá a repetir, y de hecho a mí me tocará aún más cerca la "banda de totalidad", a unos 50 kilómetros, así que os emplazo para entonces. ¿Serán la histeria y la expectación iguales?, ¿se habrán dado por satisfechos los frikis, simpatizantes y visitantes?, ¿o la cosa será aún peor porque se juntarán los que salieron encantados y quieren repetir con los que se lo perdieron y ahora sí se arriesgarían a no verlo más en la vida? Os lo iré contando... si puedo, si me apetece, si creo que algo puede aportar (aunque al ser de segundas, y siendo por la mañana, a saber...).




















