31 diciembre, 2019

Típico balance del año acabado (Año 14)

Quizá no proceda ya tanto lo de "típico" balance, dado que los blogs prácticamente no existen y un balance del año ha dejado casi de verse allá por las redes.

Opino que tras un año de mierda, sólo por estadística ya es muy probable que el otro sea mejor. Que mejor no quiere decir bueno, ni regular, ni malo. A lo mejor mejor es muy malo, siendo precedido por uno pésimo, como también decir "peor" a un año precedido de uno maravilloso a lo mejor sólo indica que el año ha sido muy bueno, en fin, cosas de los vasos medio vacíos y medio llenos.

Este año comenzó con reservas, como todo año impar, que suelen esperarse algo peores, por aquello de lo izquierdo, impar, siniestro... una reminiscencia del pasado supersticioso que el hombre ha tenido y aún tiene mientras la Ciencia acaba de explicar todo. Luego empeoró y después simplemente discurrió, como todos hacen sin remedio, tampoco eso quiere decir que 2020 como par e integrante de un nuevo decenio: "los años 20" (le pese a quien le pese, así es).

La verdad es que los Reyes Magos sí estuvieron bastante bien, luego no viajamos demasiado pero sí que hicimos un gran e interesante viaje que duró poco aunque fui muy aprovechado.

En cuanto al ejercicio, he dejado la práctica amateur de hasta 3 deportes diferentes (los 3 que practicaba), y aunque no llevaba mucho tiempo, también dejé la del único ejercicio gimnástico que realizaba. Supongo que el resultado será el aumento de mis niveles de colesterol y triglicéridos, el de la grasa abdominal y probablemente la bilirrubina y no sé cuántas cosas más. En los propósitos de año nuevo tengo el de retomar uno de esos 3 deportes, sumar un segundo diferente a los anteriores, y volver a ejecutar el ejercicio gimnástico, siempre de cara a lucirme en las amplias e interminables vacaciones de 2 semanas en verano, merece la pena tanto esfuerzo, claro que sí.

Finalmente agradecer el estar aquí, 14 años después, pues cada año cuenta, y aunque los venideros son esperados, no sabemos nunca cuál será el último, así que hay que rellenarlos todos bien para que este paseo haya merecido la pena.

¡Feliz 2020 a todos!

28 diciembre, 2019

Elige, también para acuerdos de empresa

Ofertas navideñas, descuentos, acuerdos, rebajas... en precios y en ortografía. En este caso el descuento es paupérrimo, en cruceros para a saber cuándo (tampoco creo que vaya a hacer pronto ningún crucero, pero ahí está).



No lo olvidemos, también para las ofertas corporativas de Costa: elige es con ge

24 diciembre, 2019

Esas viejas Nochebuenas de pequeños

Nochebuena es una de esas 4-5 noches más mágicas del año, como la de San Juan, la de Reyes, del 31 de diciembre o la de la final del Gran Hermano. El 24 de diciembre nada menos, un día antes de Navidad y una semana antes de terminar el año que se nos va, sea cual sea y siempre igual.

Nochebuena siempre ha sido una noche familiar, hasta que los radicales que luchan por el final de nuestras costumbres acaben con ella (ojo, sólo de las costumbres que no les gustan, las otras pueden seguir). Esa noche en la que vuelves a ver a algunos de tus primos después de meses o un año, en la que vuelves a revivir la ilusión por Papa Noel, en la que vuelves a ver el discurso de nuestro majestad el Rey y la repetición de la repetición de la gala en la que se vuelve a lucir el gran Raphael.

Nochebuena a todos nos recuerda esos primeros años en los que teníamos incluso abuelos, y puede que hasta bisabuelos. Aquellos años en los que aún vivían nuestros padres, puede que todos nuestros hermanos e incluso muchos de nuestros primos, una familia estupenda y grande en la que no teníamos más responsabilidad que hartarnos de comer y por supuesto de jugar, sin más.

Nochebuena de aquellos años locos pidiendo el aguinaldo, junto a tantos niños a la vez, que salías a unas pocas pesetas, o en aquel grupo profesional de músicos de banda, rondalla y tuna, a veces con la riñonera llena de una recaudación de monedas, pero también de ilusiones y sensaciones. Nochebuena de petardos, bombas fétidas, nieve en spray y serpentinas. Nochebuena de villancicos e iluminación sobria, cuando los pueblos no se embarcaban en locas travesías por el título de mejor iluminado.



Nochebuenas de trabajar echando una mano hasta media tarde junto a mis tíos, primos, padre, hermanos, etc... levantando España que se podría decir. Nochebuenas de preparativos junto a mi madre y mis tías, de dejarlo todo impoluto en la casa para la cantidad de gente que se venía. Nochebuenas de vajilla nueva y mantelería de tela, bordada y de blanco nuclear.

Esas nochebuenas de consomé y bollitos de canapé, de violetes y croquetas, de huevo hilado, de tarta de manzana, esas otras de pularda o salmón ahumado con caviar. Nochebuenas donde nosotros éramos los niños, luego los adolescentes y después los mayores. Nochebuenas en las que faltó alguien, luego otro más, y después perdimos la cuenta los que quedábamos, cuando no era más que una cuenta atrás hasta que no hubiera más nochebuenas, sobreviviendo mientras hubiera algo que llamar "familia", en algo que a lo mejor ya no eran sino varias familias unidas resultantes de la inicial.

Nochebuenas magníficas cantando, relatando, riendo, contando chistes, anécdotas. Nochebuenas de vino de lujo, de copas de cerveza de bar, de tartas de fantasía, de apreturas. Años en los que apenas pasábamos de 10, otros con casi 30. Años en los que los nuevos matrimonios tenían que repartirse, y con cada boda íbamos perdiendo un nuevo integrante, no sólo con defunciones, mientras que poco a poco también había cierto relevo con los nacimientos.



Nochebuena flanqueada por un viejo árbolillo de Navidad, con un Belén magnífico de escayola, o con un Belén de piezas pequeñas y gran portal en el que alguien ha incluido playmobils y otros "ooparts", quizá a modo de caganer incluso, fuera de su Cataluña natal. Nochebuena con medio salón lleno de adornos que cuelgan de la lámpara hasta sitios insospechados donde el fixo los mantiene pegados. Nochebuena de cavas y champañas, de cocacolas y fantas, de decoración ya pasada de moda, incluso desaparecida o cambiada por otra más moderna. Nochebuenas de fotos inolvidables donde no faltaba nadie y todo parecía inconmensurablemente alegre.

Así se fueron pasando nuestras nochebuenas, mientras nos asustaba aquel PapaNoel malvado, mientras encontrábamos los juguetes al fondo del pasillo, mientras alguna inocencia se perdía demasiado pronto al saber que los padres tenían mucho que ver en todo eso, y todo mientras Raphael seguía cantando, mientras llamaban los que estaban lejos, mientras nuestro Niño se volvía a calentar, mientras los mayores mostraban alguna lágrima recordando a los abuelos, mientras nosotros los recordamos ahora, incluso mientras los demás nos recuerdan cuando ya no estamos, así, esas Nochebuenas.

Hoy es una más, una más que cumple el ciclo de las primeras 19 de este siglo, y seguramente las que queden. Hoy volverá a haber misa del gallo, pero diremos que ya no es como antes, y volveremos a sentarnos todos juntos, pero tampoco será igual porque los que faltan no están. Hoy volveremos a cantar villancicos, faltando algunas voces, aún sin integrar otras. Hoy volveremos a reír y volveremos a sentirnos parte de algo, con los nuestros, y por supuesto siempre sabiendo que nunca será igual, porque las nochebuenas de cuando eres pequeño jamás se pueden igualar.

19 diciembre, 2019

Yo nunca haré, y al final lo hice

Me lo has repetido decenas de veces siendo condescendiente, quizá yo te lo he dicho con cierto aire de superioridad, puede que un amigo, tus padres, incluso tus hijos te lo hayan dicho: "yo nunca haré eso".

*Yo veo a los que se hacen 'runners', a esas hordas de gente que sale todas las noches a correr, de pronto, sin esperarlo, y ahí están, compitiendo los findes de semana en las carreras populares, comprándose zapatillas de 200 euros, un pulsómetro y apuntándose a apps de pago. Yo nunca lo haría, es una moda, nada más.

*Veo a las mujeres que se enamoran de un hombre y acaban siendo sus niñeras, sus paños de lágrimas, sus sirvientas, y me digo que son tontas y que yo nunca acabaré así, como ellas, como si eso fuera un final horrendo, un rebajarse, un convertirse en la nada, que a mí nunca me pasará.

*Yo veo a los padres dejar el móvil o la tablet a sus niños para que coman embobados, para que les dejen tranquilos en las cenas sociales, para que no protesten en el coche, y se me van los demonios hablando de alienación, de la puericultura del siglo pasado, de para qué quieren tener niños si se los cuidarán los gadgets, insistiendo en que nosotros jamás lo haríamos.

... y de pronto me veo echando un vistazo a la barriguita, abriendo el armario y desempolvando aquellas viejas zapatillas de pádel, instalándome el Runtastic y yéndome a hacer 'footing' unos 10 minutos al parque.

... y de pronto me veo enamorada de un tío que además trae dos niñas de regalo, haciéndole comidas y yendo con ellos a la playa el fin de semana.

... y de pronto me veo desesperado porque el niño no calla ni a tiros y pienso dar un volantazo y acabar con todo, y le ponemos la Peppa Pig en el móvil, y luego en el restaurante le damos la tablet para dibujar, y todo resulta callado y maravilloso.



No, yo nunca haría todas esas cosas que dije que nunca haría, y aún así me veo haciéndolas de repente, como a tantos otros les vi, reprimiéndoles luego por inconsistentes, por incoherentes, casi por mentirosos, y es que quizá esto es más humano de lo que pensamos.

Sí, quizá estamos rodeados de bocazas, quizá el ser humano es un papanatas bocazas (o "papacazas", que sería un animal que coge patatas al vuelo, supongo) que no sabe más que hablar y hablar, y por tanto que mucho yerra. Somos así, pontificando delante de los demás sobre cosas que no entendemos, sobre ideas que realmente pueden ser las contrarias meses después, y así volvemos el mundo caótico y errante, imposible de cuantificar, como si fuera una incertidumbre Heisenbergiana, como si la insoportable impredecibilidad del ser no fuese más que una imitación novelesca de algún filósofo checo, a saber...

Miramos serios a los demás mientras les reprimimos por su extraño cambio de parecer, por no haber sido consecuentes con lo que nos dijeron, por cagarla saliéndose del camino que decían seguir a pies juntillas; y poco después, días después, años después, no somos más que iguales a ellos.

Yo nunca me teñiré el pelo como esos que no aceptan el paso del tiempo, nunca pediré un vino cuando vaya de tapas como esos esnobs, nunca me compraré un SUV como esos borregos incapaces de comprarse un coche que les guste de verdad sin que las modas se lo digan, yo nunca me abriré un blog, nunca tendré un smartphone, nunca apuntaré a mis niños a extrañas extraescolares, nunca compraré un smartwatch, nunca volveré a confiar en Vodafone, nunca diré nunca jamás...  Y tras decirlo altiva y ceremoniosamente, años después, minutos después, yo lo hago...

Y no, no somos peores personas por hacerlo, ni mucho menos, pero algo bocazas sí, claro está, incapaces de callar un poquito la boca y reflexionar un poco antes, para no hacer el ridículo espantoso después por no haber seguido nuestras propias directrices. Y no, quiénes somos los "yoes" actuales para decirles a nuestros "yoes" de dentro de 10 años qué deben o qué no deben hacer, porque no tenemos ni idea de nuestras circunstancias de entonces. ¿Y quiénes eran nuestros "yoes" de hace 10 años para decir qué o no debemos hacer ahora? Pues eso, nadie. Eso sí, papabocazas de manual, eso no nos lo quita nadie.




Me viene ahora a la cabeza un viejo juego que jugué por primera vez en un bar de Granada allá por 2000 y poco, el "yo nunca he", muy parecido al "yo nunca haré" del que hablo hoy. Por aquel entonces, alguien decía "yo nunca he..." (por ejemplo: "... tenido una relación de más de 2 meses"), y los que cumplieran eso, bebían, cual juego de borrachos de toda la vida, que aquel día jugamos con tinto de verano (juego light aquel). Aquel día, todos los chicos bebimos, y las chicas nos tomaron por ligeros de cascos y picaflores, cuando era todo por todo lo contrario. Entonces, tantos "yo nunca he" salieron a la palestra, que alguno de ellos también pudo ser un "ni nunca he, ni nunca haré", y ojalá los recordara todos, pero no es así, y seguramente tantos años después muchos habríamos perdido nuestra apuesta contra el paso del tiempo, pues lo hicimos lo que nunca haríamos... Sí, papabocazas.

En fin, humanos somos y de humanos es herrar, sobre todo si son herreros, y no hemos de rasgarnos las vestiduras por haber hecho aquello que nunca haríamos, pero sí, aprender para en el futuro no ser tan vehementes cuando hablamos de "usos y costumbres futuras", porque como siempre, antes incluso que la gente a la que predicábamos, estará el tiempo para decirnos: te lo dije...

14 diciembre, 2019

Nuestra afición por el segundón

Ahora que el mes pasado nos dejó Raymond Poulidor (el segundón más famoso de la historia del deporte, con 8 podios en el Tour de Francia y 4 en el Mundial en Ruta sin llegar a ganar ninguno, aunque es verdad que ganó una Vuelta a España), es buen momento para recordar todos esos segundones que a muchos nos acaban pareciendo mucho más atractivos e idolatrables que los que quedaron por encima de ellos. No quiero continuar sin citar también a Merlene Ottey (la segundona más famosa, con 9 medallas en Juegos Olímpicos sin un oro, aunque es cierto que ganó 3 oros y otras 11 medallas en mundiales)



Antes de nada, diré que yo soy de ese tipo de fans que quieren más a esos luchadores que no consiguen ganar que al típico "siete veces campeón del mundo seguidas" y cosas así que otros rápidamente abrazan con la excusa autoengañante de "es que es el mejor". Claro, si no fuera el mejor no le admirarías, eso está claro, pero quizá ahí ellos se están perdiendo parte de esa esencia, de ese gusto por ver a otro que quizá no tiene tantas condiciones o capacidades, llegar casi a ganar, tuteando al supercampeón, siendo por supuesto más campeón que el resto.

Casos paradigmáticos encuentro muchos, por ejemplo el de Barcelona en el fútbol español, del que siempre digo que me hice fan cuando llevaba la friolera de ¡2 ligas en 30 años y 0 Champions en su historia!, cosa que los postmillenials de ahora pensarán que es una trola como un demonio o que es algo de los años 20, pero que es simplemente la realidad de finales de los años 80, donde el Real Madrid era el equipo de todo el mundo, de todos los niños, salvo unos pocos locos que "bancaban" al Barcelona (ni te digo ya cualquier otro del resto, salvo algún niño de equipos vascos que ganaron 4 ligas en los 80 o el bético o sevillista de turno, siempre muy residuales).

Mérito tenía entonces, y evidentemente en su sano juicio ningún niño español se haría fan del Barcelona salvo por herencia familiar, como era mi caso; y mérito tenía también seguir a Perico Delgado en la época del mejor Induráin, a Valverde en la del mejor Contador, a Gibernau en la de Rossi, a Navarro en la de Gasol o a Xavi en la de Messi, quizá siempre con ese ánimo de ser hinchada del segundón, que en muchos casos era simplemente el segundo más glorioso, por encima de todos los demás, debajo del mejor.

¿Y qué decir de los campeones? Pues que siempre me ha faltado esa parte de simpatía, sobre todo cuando el rival perdedor era español, ya fueran Doohan y Armstrong, Schumacher y Tiger Woods, Peterhansel y Doug Lampkin, El Guerrouj y Hermann Maier o Pete Sampras. Obviamente trasladable a lo femenino, con Yelena Isinbayeva y Steffi Graf o Florence Griffith y Katie Ledecky.

Podría decir que es un sentimiento parecido al "viva er Beti man que pierda" que hace que media Sevilla sea de ese equipo pese a sus calamidades frente al rival Sevilla FC, o que en Madrid la gente se haga en tropel del "Atleti", pese a que el equipo del gobierno sea el de enfrente, o en Barcelona del Español, y así sucesivamente. Simplemente algunos somos así, y no nos importa ser del segundón, porque sabemos que también conseguirá cosas, y serán mucho más luchadas que las del que siempre gana, del que es más sencillo ser, al que es más sencillo animar, seguro tú de su victoria.



Luego están los "chaqueterismos", claro está, que suelen darse cuando el típico que anima al que siempre gana, ve que no es tan fácil, o que entra en mala racha. Ahí es muy fácil que acaben por dejarlo, porque al final, no es cuestión de sentimientos, sino de "ser del que gana". Como gran ejemplo actual el de muchos niños que en las dos malas épocas del Real Madrid (años 90 y años 2005 y posteriores) dejaron el club para irse incluso al Barcelona, eterno rival, porque "era el que ganaba". Eso no puede pasar con los que animamos al segundón, porque, ya digo: es cuestión de sentimientos, e incluso cuando uno de los que sólo anima al que gana, da con el equipo o el deportista de sus amores, pese a que no gane, a este no lo dejará nunca.

Y como decía desde el principio, a muchos nos acaban pareciendo siempre más atractivos los segundones, no tenemos remedio, se podría decir, así que como se suele decir, disfrutemos todo lo que podamos de esta inclinación: ¡larga vida a nuestra afición por el segundón!

09 diciembre, 2019

Mis peores entradas (2)

Y vamos con la segunda entrega de esta "anti-lista".

--Peores post, del 101 al 200 (Julio-2007 a Septiembre-2008 )

En esta época el blog cogió la velocidad de crucero, y empezó a llegar a una cierta madurez, todavía con ideas completamente frescas y evitando muchos errores de inexperiencia como antes.

Esta vez, y entre gran cantidad de interesantes aportaciones, los peores posts son los intrascendentes, o los que resultaban demasiado temporales, muy concretos. Por ejemplo el del Valencia, equipo más español, que quizá por entonces lo era y seguro dejó de serlo para repetir más adelante el bucle. Coincidiendo con este también tendríamos algún otro deportivo, como uno dándole la despedida al nefasto Oleguer Presas u otro sobre la esclavitud moderna, con Blatter y Cristiano Ronaldo a la cabeza, que no iba más allá de lo que podría haber sido un simple tuit criticando unas declaraciones.

Este tipo de pequeños artículos podrían ser esa rémora de la época para mi botella. Más allá también valoro muy bajo mi primer artículo de cada 4 años, por ser demasiado "wikipedioso", no yendo más allá, sólo como una simple sucesión de efemérides que cualquiera puede encontrar en la red sin esfuerzo.


Si pudiera borrar sólo uno: borraría el de la Esclavitud moderna, por anecdótico y concreto, porque seguro que en unos días las declaraciones fueron olvidadas, pese a estar vigentes aún hoy en día.

Si pudiera salvar sólo uno: salvaría el del Valencia como equipo con más españoles, rompiendo una lanza por los nuestros, cosa que aún importa y es necesaria, y que por entonces, con un mercado saturado de extranjeros, ya comenzaba a ser un problema grave (pese a que pocos meses después España ganó su segunda Eurocopa).

04 diciembre, 2019

El Porcuna en Tercera División (2)

Continúo con este repaso/diario de la primera temporada del Atlético Porcuna en Tercera División, en toda su historia, complicadísimo reto donde los haya, en la que actualmente es la "Primera División de la provincia de Jaén", y en un campeonato en el que es el pueblo más pequeño, por lo que la dificultad es casi insalvable.

Comentábamos en la primera entrega (hasta la jornada 8) que el equipo ilusionaba, porque aunque los puntos no terminaban de llegar, en todos los partidos estaba compitiendo y consiguiendo perder por la mínima, por lo que mantenía esperanzas de estar incluso más arriba en la clasificación, donde estaba en posición de descenso, pero a un solo punto de la salvación.

Sin embargo, en los siguientes 7 partidos, el equipo ha conseguido dos puntos sólo, entrando en una caída en barrena que le ha llevado al último lugar, nada menos que a 5 puntos de la salvación.

Repasando los partidos, en las jornadas 9 y 10 se cae ante Antequera y Maracena (este, rival directo, y en casa), de nuevo por la mínima y disputando los partidos, pero siendo ya demasiadas las veces que esto ocurre, por lo que comenzaba a dar la sensación de que simplemente a los rivales les bastaba con adelantarse en el marcador para tener ganado el partido, dada la inoperancia del Porcuna en ataque.

Después un ilusionante empate en Loja, justo antes de un partido histórico, como fue la visita del Real Jaén al Municipal de San Benito, por primera vez en la historia en competición oficial, finalizando con una nueva derrota por la mínima (demasiadas ya), que aún dejaba al equipo en un lugar relativamente tranquilo, con esperanzas de subir más puestos.

A destacar aquí, la siguiente imagen, de hace 6 años, en la que en el trofeo de pretemporada de la Feria Real de Porcuna, se enfrentaban un Atlético Porcuna y Real Jaén separados por 4 categorías, haciendo impensable que jamás se vieran las caras en partido oficial. Tras 2 descensos del Jaén y 2 ascensos del Porcuna, este año compiten juntos...



Ahí, a principios de noviembre llegó un punto de inflexión en la temporada de un equipo que estaba cubriendo el expediente aceptablemente. Primero fue el infausto viaje a Melilla, que acabó con el partido suspendido y la vuelta tardía a Porcuna por el temporal en un barco puesto por la Federación, coincidiendo con la semana de la Copa del Rey. Este partido se jugará más adelante, por lo que encima el equipo va a estar un tiempo con un partido menos, lo que lo deja aún más tocado en la clasificación.

Todavía con moral, llegó el 13 de noviembre de 2019, una fecha inolvidable para el fútbol porcunés, con la visita al Club Atlético Antoniano de Lebrija, que fue una auténtica fiesta y disfrute que seguramente no se repita en mucho tiempo. La derrota era casi segura (malévolo sorteo, ya que las otras opciones eran algunas muy asequibles y otras factibles), ante un equipo muy superior, seguramente una o dos categorías más allá del nuestro, que aún así lo intentó luchando hasta la extenuación y perdiendo con mucho honor por un corto 2-0.

Después de eso, el equipo se derrumba por primera vez y encaja 8 goles sin marcar uno solo en dos dolorosas derrotas ante Motril y Almería "B", que además desbaratan el golaverage que tan bien habían labrado hasta ahora (de -7 se pasa a -15 en sólo dos semanas). Incluimos también la salida de algunos jugadores y algún fichaje, en un momento en que la misma continuidad del entrenador empezó a estar en duda.

Esta última jornada, tuvo lugar uno de esos partidos decisivos ante rivales directos y encima en casa, donde se empató decepcionantemente ante el Huétor Vega. Quedamos como el equipo menos goleador y con menos victorias de la categoría. Mucho por mejorar, penúltimos a 5 puntos de la salvación, pero aún con vida. En cuanto a los goleadores, sólo han marcado en estas jornadas Javi Cañada y Luismi (2 goles, que le colocan como pichichi del equipo, aún muy necesitado de tantos).



En cuanto a la categoría en general, se destaca el Linares, camino de algún record histórico de puntuación que no le garantiza el ascenso, y le siguen otros que obviamente eran favoritos al comenzar la temporada como Ejido, Jaén y Motril, nada nuevo bajo el sol. De los pueblos pequeños, el Torredonjimeno (9º con 22 puntos), Torreperogil (19 puntos), Mancha Real (19 puntos) y Maracena (18 puntos, a 6 del descenso ya) están más arriba de lo esperado, rondando aún el 10º puesto (nos hace pensar que el Porcuna podría haber estado ahí ahora de hacer mejor las cosas), mientras que si al principio de la temporada se veía muy tocados a los "Huétor" y al Melilla, el Alhaurín se les unió con una crisis brutal de resultados y sin puntuar, mientras que en estas 8 jornadas, el Huétor Tájar se ha recuperado  milagrosamente, llegando a zona tranquila incluso por encima de un Poli Almería que parece abocado a luchar por la salvación también.

Ahora mismo parece que todavía hay posibilidades de salvación para el Porcuna (único objetivo ya), más aún con la esperanza de no perder el partido atrasado cuando se juegue en Melilla, pero incluso los equipos que antes estaban tocados, empiezan a carburar (desde la jornada 8: Huétor Tájar 8 puntos, Huétor Vega 8 puntos y Melilla 6 puntos, por 2 del Porcuna y 0 del Alhaurín), por lo que no debemos perder más puntos tontamente en casa, ya que fuera es casi imposible puntuar.

Los próximos 8 partidos hasta mi próximo repaso son claves, con enfrentamientos contra Torreperogil, Huétor Tájar, Vélez, Mancha Real o Alhaurín, donde el equipo necesita por lo menos 8-9 puntos para seguir creyendo, cosa que de lo contrario será casi imposible.



En cualquier caso es alucinante ver el nombre de Porcuna en un sorteo de Copa del Rey, en una reseña en el Marca o en una página del Teletexto de la primera, sigamos soñando.

¡Seguimos luchando por este sueño de Tercera!