Típico balance del año acabado (Año 20)
Que sí, que sí, que llevo 20 años haciendo esto cada diciembre-enero, ¡de locos!, y ya se me irá ocurriendo para el aniversario de dos décadas de la bitácora qué hacer, quizá una serie de posts rememorando estos 20 años o rememorando aquel primer año, o nada de nada.
Esto no es un cumpleaños así que al lío, que solo hablamos de un típico balance del año acabado, de lo que puede ser un año cuarenta y tantos de vida, o una celebración del décimo de matrimonio o del quinto de ser padres o del 33 siendo campeones de Europa, el séptimo de orfandad, el noveno de nuda propiedad, el decimosexto de conductor de coche propio con veinte de carné o el casi cuarenta de amistad, todos tienen su bagaje detrás y sus propias efemérides, y somos nosotros los que decidimos dónde y cuándo celebrar cada una.
Así, el año fue uno más, que a mi edad y con el jamón medio dado la vuelta (algunos a esta edad están a punto de palmarla, estamos o lo que sea, quién sabe, y otros aún tienen 60 por delante, que están bien si se pueden vivir a tope, claro) ya está bien. Me dejé un par de cosas sin hacer, pendientes para el futuro, como la de ampliar un poco mi actividad deportiva perdida, que bueno, sí que conseguí hacer al menos una vez en semana, pero que no hará que espabile hasta que algún análisis y la consiguiente reprimenda de un galeno me haga reflexionar. Al menos este año no he estado de hospitales ni urgencia, que algo es algo. Dentro del apartado de primeras veces: me arreglaron mi primera caries, me comí una ostra, subí las escaleras de Coimbra, lleve a inmunoterapia a alguien que se va a curar sí o sí, me inventé una extensión de piedra, papel o tijera, y un hostelero se me encaró y amenazó por la nota que le puse en Booking, entre otras cosas.
Dar gracias por estar aquí, yo y vosotros que me leéis, con trabajo que puede ser el último año, y con familia y bienes donde poder resguardarnos, que siempre un giro del destino te los puede hacer perder, valóralos, sin necesidad de que un perito lo haga.
Y total, un amanece que no es poco, que cualquier día te sale un bulto y cambia tu percepción de lo que te queda en el convento, y a lo mejor es tarde para disfrutarlo cuando ya lo que viene es una decadencia acelerada y descontrolada. Disfrutad mientras los que podáis (de hecho, como simple anécdota, hace una semana murió la primera persona nacida el mismo año que yo en mi pueblo, dejando de estar ya "virgen" de fallecimientos, si es que con eso no se puede luchar)
Sin más dilación, 20 años ya, me despido hasta el año que viene deseándoos lo mejor, mientras llega el apocalipsis y todos conocemos por fin a los jinetes.
A todos, míos y mías, ¡que tengáis un FELIZ 2026!
