17 febrero, 2026

Bilis contra el VAR, la injusticia bañada de justicia

Reflexión corta en plan "bilis contra el VAR", la injusticia tecnológica aplicada al deporte. 

¿Para qué ha servido el VAR, que venía a traer la tecnología al fútbol y hacerlo totalmente justo? Pues para hacer el fútbol todavía más injusto, porque al menos antes se dependía del buen o mal ojo del árbitro, de su buena o mala preparación, de su buena o mala baba, o de las instrucciones previas ajenas y de las inclinaciones propias, y el tipo pitaba y la decisión era inamovible salvo contraorden de uno de los jueces de línea; pero, ¿hoy?, hoy es un querer y no poder edulcorado con una falsa sensación de justicia impartida por un tribunal con una impostada autoridad, es como si el hecho de tener unos cuantos árbitros más en una sala llena de monitores y con un pinganillo fuera a servir para arreglar todos y cada uno de los posibles errores o faltas de vista del colegiado, y hacer de verdad este deporte más justo; pero no, en vez de eso ha servido para lo contrario, para llevar la manipulación al extremo, porque ya la excusa no es un fallo humano, sino una completa premeditación alevosa en grupo, el culmen de la inequidad.

El VAR, que venía para ajustar fueras de juego, para evitar picarescas y simulaciones, percibir voluntariedades y ver lo que el árbitro no veía, ahora es un pelele en manos de la manipulación, y ya sólo sirve para fabricar fueras de juego según el frame usado o las líneas manuales tiradas, para inventar penalties que se producen cuando hay un leve contacto y el jugador se tira a ver qué pasa, crear manos de la nada que siempre habían sido involuntarias, presuponer la fuerza de un empujón o una patada a imagen parada, o lo que ya es el colmo que es dar la oportunidad al árbitro de ir o no al VAR a discreción, por lo que aunque todo el mundo haya visto claramente lo ocurrido y los trencillas ignominiosos que están sentados ante las cámaras, también, él puede evitar la justicia "no yendo", y el VAR "no avisándole", así que queda impune, de forma que la injusta situación pilla al aficionado aún más por sorpresa que cuando no había tecnología, y es todavía más grande la sensación de robo producida, ya que los medios para evitarlo están todos y es el equipo arbitral el que decide no tener en cuenta la tecnología a su antojo para manipular el resultado.

No hay mucho más que comentar: para este viaje no hacían falta estas alforjas, gastando cantidades ingentes de dinero para tener aún más control de lo que manipulan. Antes el árbitro podía tener dudas de si estaba pitando lo que había o lo que quería; ahora con la tecnología, ya saben perfectamente lo que hacen, lo que orquestan, y así, es completamente imposible evitar que pase exactamente lo que ellos quieran. Sí, lo habéis conseguido, ahora el fútbol ya sí es completamente injusto.

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