23 febrero, 2026

Mi calle (redacción infantil protesta)

Mi calle es...

Un circuito de carreras para quads, motos, coches, patinetes y bicicletas; los que pueden van acelerando como locos y rodando a 80km/h de una punta a otra, otros derrapando a la entrada y la salida, racheando en la farola, y los más ruidosos pitando para saludar a los amigos y viandantes en general. 

Una orquesta de ruiditos acompasados armoniosamente, donde tocan el camión de los helados, el del tapicero, el afilador, el reciclaje de las botellas, los grandes trailers echando marcha atrás, el carromoto, la grúa de las luces y las bandericas, la megafonía que nos anuncia el fútbol, el circo o las elecciones, etc., todos con sus pitiícos correspondientes que nos alegran el oído.

Un parking subterráneo continuo en el que entran y salen vehículos, algunos bloqueando las salidas parados en doble fila para comprar tabaco en la calle de al lado de donde viven, y donde por supuesto no pienses que nadie vaya a frenar en un paso de cebra al verte venir.

Una sala de fiestas donde se celebran conciertos al aire libre con altavoces que zumban como el Starlite de Marbella, donde los días festivos compiten los bares entre sí para ver quién tiene la música más potente o el tardeo más estruendoso, donde se celebran cumpleaños, bautizos y comuniones al aire libre ocupando toda la acera si es necesario, o incluso la calzada cuando las autoridades lo permiten, que a veces lo permiten, hasta llegando a albergar conatos de macrobotellones que en otro lugar estarían prohibidos (beber en la calle, sacar copas fuera o entorpecer la circulación, aquí se permiten y se fomentan).

El paso obligatorio de desfiles, procesiones, entierros, cabalgatas, encierros, romerías y pasacalles, que habitualmente obligan a desalojar los coches de ella o tener directamente cortado el paso, incluso por el mero hecho de ser sábado de verano, con las molestias que eso conlleva a los vecinos.

El sitio donde lanzar tus cohetes, donde pegar pelotazos en las persianas, donde gritar a garganta raída a tus amigos, donde tirar pipas, papeles y chicles, vasos rotos, serpentinas, confeti, caramelos, caca de perro, todo convirtiéndola en un lugar paradisiaco. 

... esa es mi calle. 


 Todos y cada uno de ellos son molestias que durarán toda la vida, unas incrementándose sin parar y otras repitiéndose sin cesar, mientras nosotros pasamos, nacemos, crecemos y acabamos por desaparecer inexorablemente, mientras el sol y las molestias siguen saliendo cada mañana y sólo el sol poniéndose por las tardes. 

Y a pesar de todo lo dicho, a pesar de lo vivido, a pesar de lo que nos queda por vivir, y que sean muchos años para todos: mi calle sigue siendo la mejor calle del mundo.

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