02 marzo, 2026

La Gala de las subvenciones, los antiguos Goya

He de decir que de siempre me ha gustado ver la gala de los Premios Goya, que a nadie escapa que son los Oscars del cine español. La he disfrutado tantísimas veces, ya sea por la calidad de las películas presentadas, que a veces ilusionaba camino de pensar que el cine nacional estaba codeándose con los mejores, por la puesta en escena, el glamour de la alfombra roja, los vestidos en general, el comportamiento de los participantes, ganadores, público, o la magnífica presentación de algunos de sus históricos presentadores que la hacían dinámica, divertida, rápida... lo contrario de aburrida, un producto digno de ver y digno de hacerte perder una noche de sábado para paladear algo así. 

Resumiendo: que he sido fan de los premios Goya (y lo soy), por lo que no soy sospechoso de lo contrario si hoy digo lo que estoy diciendo por aquí. Pues me han encantado las presentaciones de la Sardá (Rosa María, q.e.p.d, que fue sin duda la mejor), de Corbacho, Buenafuente, Dani Rovira, entre otros. He visto arrasar con todos los premios a Mar Adentro, La sociedad de la nieve o Un Monstruo Viene a Verme. He paladeado compungido el rato de la música y las instantáneas de los que se fueron cada año. He reído con las bromas de los que anunciaban cada premio y los nervios de los que los recibían, y me he puesto nervioso porque se les acababa el tiempo y tenían que echarlos. Me he emocionado con algunos de los homenajeados por toda una vida. He disfrutado con los comentarios acertados y profesionales de Carlos del Amor e incluso me he sentido orgulloso de que los premiados extranjeros hayan hablado tan bien de mi país. Por supuesto he idolatrado a los grandes que en ella se daban cita: los Fernando Rey, Fernán-Gómez, Landa, Almodóvar, Berlanga, León de Aranoa, Coixet, Forqué, Maura, Bardem, Sacristán, Eduard Fernández, Javier Gutiérrez, Penélope, Antonio de la Torre, Alberto Iglesias, Reyes Abades, Azcona, Aguirresarobe, Fesser, Sorogoyen, etc.

Un orgullo y un deleite que han sido siempre los Goya para mí, a veces regado con una copilla y unas pipas para acompañar, pues la ocasión lo merecía...


 

Pues bien, he de decir que en los últimos años el devenir que está tomando la cosa está siendo muy preocupante, pues los avances hacia su autodestrucción vienen a pasos agigantados, con descenso paulatino de la audiencia también, que no soy solo yo. Este año añadimos la aburridísima y predecible presentación de Luis Tosar (un buen actor) y Rigoberta Bandini (me sigo preguntando si sólo es famosa por sus polémicas feministas de izquierda o por ser cantante, que mal no termina de cantar), una gala totalmente fuera de ritmo e insulsa podría decir, hasta el punto de que nos perdimos cierta parte porque no aguantábamos más. 

Luego está la temática de las películas, que empieza a ser siempre la misma, la que se subvenciona (pues si no, no habría prácticamente cine español, ya que las producciones no va a verlas ni "Pirri" a las salas, y en caso de duda ni en Netflix, el espectador prefiere ver cualquier otro bodrio anglosajón hecho casi enteramente con IA). Después añadiremos la temática de los discursos, salpimentada de política de izquierdas por todos lados, de consignas, de lugares comunes, de pensamientos que no deberían estar ahí, ay, los tiempos en los que uno agradecía a todo el mundo el premio, hoy vencidos por la necesidad de hacer campaña frente al líder que les ve enfrente (ni que decir tiene que en los tiempos de Aznar o Rajoy las consignas contra el presidente del gobierno se sucedían sin pudor alguno, no sin razón, ojo, pero es que hoy las consignas contra Sánchez deberían haber sido un clamor, pero no... es el que paga la fiesta).

En fin, un quiero y no puedo, triste, porque teníamos algo grande que hemos dejado caer, porque hay muchos y buenos profesionales en el cine español que no se merecen tener que ir en contra de sus principios y aceptar este paripé para poder alimentarse, pues más allá de las caras conocidas, de los que ganan pasta, los trabajadores de verdad, no son tan multimillonarios, y sin duda tienen que plegarse y aceptar formar parte del juego, aunque no quieran. Lástima, pues ya tampoco tenemos buenas películas, ni la gala es divertida, ni dicen más que tonterías (¿no os pasa que escucháis a algún actor/actriz que os cae bien, hablar de política y decir memeces y de repente sentís dolor pensando que ya nunca vais a poder admirarles como hasta ahora?), una pena.

¿Y qué nos queda a los demás? Pues poner la 2 como siempre, e intentar vencer al pensamiento único (ya sabéis: derecha mala, iglesia mala, EEUU malo, árabes buenos, hombres malos, mujeres buenas, independentistas buenos, España mala, etc, etc.), viendo de vez en cuando y a cuentagotas a los únicos que son capaces de doblegar ese discurso un rato y decir lo que de verdad piensan, arriesgándose a ser cancelados (por mí, no lo hagáis, no va a servir de mucho, y os van a negar el pan y la sal, estáis avisados).

Como decía hace no mucho, al Uclés ese le está viniendo bien subirse a esa ola, y si ves la gala de los Goya de hoy día, en el instaurado régimen de Sánchez y sus secuaces, te das cuenta que la gran mayoría de los que hay hacen lo mismo, sin pudor, y sí, así de bien les va, no hay más que ver sus cuentas corrientes a pesar de los paupérrimos trabajos que algunos hacen y presentan (insisto: la mayoría de profesionales del cine español lo son como la copa de un pino, y si quieren trabajar no pueden hacer más que oír, ver y callar, bueno, no callar, decir lo que tienen que decir, que es diferente).

No os molesto más, pero sí deseo que quizá el año que viene o el otro, podamos ver una Gala diferente, mejor, más divertida, que se meta con el gobierno de derechas que probablemente habrá, y que se lo merecerá, pero quizá entonces el subvencionismo haya pasado a mejor vida, y se premie de verdad a lo mejor, no a lo que conviene... 

 

(Y disculpen los errores que hubiera podido cometer, erratas y pifias mentales, pues todo ha venido de un tirón, sin respirar, como la causa sin duda merece). 

 

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