Cuanto más criticas, el cuerpo más te pide, di no
El otro día me di cuenta que de 9 entradas que llevaba en 2026, hasta 6 eran negativas, críticas, bilis, desahogo y desestrés, que al mismo tiempo son negatividad, ahogamiento, estrés y cortisol, mucho cortisol (cuando muchos sabéis ya que esta hormona que tan de moda está últimamente regula el metabolismo, la tensión arterial, los niveles de glucosa, etc., y sube como la espuma cuando uno se cabrea, que puede ser el caso). ¿Tengo yo necesidad de eso? ¿Merece la pena luchar por causas perdidas, quejarse, enfadarse, intentar que la justicia venza a la injusticia y que el mundo sea un poquito mejor y los "goblins" que nos rodean no se salgan con la suya? Pues sí, lo merece, y siempre, salvo cuando va la salud en ello.
Y es que echando un vistazo, tras un comienzo bobalicón, encontré hasta 6 artículos seguidos pataleando, ya sea por la desinformación y los trileros que nos gobiernan, la supermediática polémica maniquea con el libro de la península de las casas vacías, la manipulación demagógica que se hace con las pensiones, la injusticia y la arbitrariedad del VAR en el fútbol, la redacción protesta de mi calle o el bodrio subvencionado de los Goya. Seis toros seis que bien pueden valer un ratito de análisis negro sobre blanco, separando la paja del grano, demostrando que no todos aún se pliegan al pensamiento único que nos rodea, pero, ¿merece la pena llenarse el cuerpo de cortisol para explayarse desarrollando una queja?
Pues los estudios indican que no, que cuando estás todo el día criticando, al final el cerebro, maleable y voluble como él solo, se acostumbra a ese estado y quiere más y más como yonqui auténtico que siempre es y será, y se pone en alerta esperando encontrar en cualquier esquina otro argumento para saciar su mono, escarbando en lo que ve y lo que oye, en los posibles errores que pueda encontrar, en lo mal hecho, en lo hecho aposta, en lo hecho para fastidiar a los demás, para transgredir normas cívicas y abrazar pecados capitales. Y así, no vemos más que lo oscuro, los grises parduzcos, reparando sólo en lo negativo y nunca en lo positivo, y llenamos nuestro cuerpo de hormonas negativas que sólo atraen más hormonas negativas. E insisto por tercer párrafo consecutivo, ¿merece la pena eso?
Yo digo que merece la pena seguir luchando, pero hay que saber seleccionar las batallas que luchar, pues una sola persona es incapaz humanamente de lucharlo todo, por lo que hay que saber filtrar y elegir dónde apostar nuestras cartas, dónde poner nuestros huevos, nuestras hormonas del día o la semana, para no agotarnos completamente.
Como ejercicio para ir venciendo ese estado, yo propongo, por supuesto, ir publicando cosas positivas de nuevo (también esto es metáfora de la vida en general, no me estoy refiriendo sólo a la bitácora aunque lo parezca), ser capaz de decir también lo bueno, forzarse a ser una de esas personas a las que todo va bien y no se quejan por nada, en plan "bobalicona" como dije antes, pero con esa picardía para decir las cosas y quejarse y que no lo parezca. Seguro que así acostumbramos el cerebro a otro tipo de hormonas más positivas y éso es lo que va a pedirnos, olvidándose del calorcito cortisoliano.
Además, os propongo una prueba interesante para que podáis medir realmente vuestra necesidad de cambio: a lo largo de un día id apuntando todos los momentos o casos en los que hayáis criticado u os hayáis enfadado por algo (cuenta cuando veis que no habéis lavado bien la taza, que el perro del vecino vuelve a ladrar o que alguien se ha llevado el ascensor antes, enfados son y suben el cortisol igual). Cuando llegue la noche echáis un sorprendente ojo y veréis que os enfadáis mucho más de lo que pensáis, y podéis así analizar si todo ese estado de cabreo permanente merece la pena, si vosotros merecéis la pena más que toda esa negatividad, y así, reparando en ello seremos capaces de repararnos a nosotros mismos, y la próxima vez que nos planteemos lanzar nuestro cortisol a los cuatro vientos, quizá podamos contenernos (ojo, que contenerse también es malo, pero seamos un poco balanceados en nuestros impulsos).
Aquí lo dejo por hoy, positivamente de nuevo, a ver cuánto dura. No os dejéis llevar por la marabunta, por lo que algunos quieren producir en el pueblo, un continuo cabreo que no les deje pensar como cortina de humo, seamos positivos, pero seamos conscientes del problema. Sin más, que vivan el positivismo y las boberías cotidianas.



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