14 marzo, 2026

Canto a los valientes que se quedaron

Esto es un canto a esos que se quedaron, a esos que continuaron viviendo en el lugar donde nacieron y que son los que han hecho que tú y que yo tengamos el privilegio de ser de aquí.

Muchos tuvieron la tentacion de irse cuando las cosas empezaron a ir mal y tantos abandonaban el barco ante el hambre o las pocas perspectivas, e incluso cuando las cosas no iban tan mal, intentaran salir para hacer más fortuna lejos de sus raíces. 

Sin embargo, unos pocos no lo hicieron y lucharon, aguantando los embates del destino, de épocas muy crueles que harían palidecer a cualquier crisis actual en un concurso de calamidades, sufriendo hambre, sequías, guerras, continuas epidemias, saqueos tributarios por parte de los de siempre, etc. Nada por lo que uno no desee a diario dejar para siempre su madre patria, pero así pasó, todos ellos aguantaron, y no fueron ni dos ni tres, sino seguramente cientos de nuestros antepasados. Todos ellos esperaron pacientes mejores tiempos que posiblemente nunca llegaron hasta el siglo pasado, pero ahí seguían, viviendo aquí, casándose y teniendo hijos e hijas que también conseguían continuar aquí pese a las dificultades y las perspectivas a veces nada halagüeñas, pero... ¡dónde mejor que en tu verdadero hogar!

Las grandes historias que se han escrito siempre hablan de las hazañas de esos otros que se fueron a encontrar fortuna, grandes personas con sus grandes historias seguro, por supuesto, pero que abandonaron el barco para nunca volver, para que generaciones después sus sucesores ya no recuerden que ellos eran o procedían de aquí. Muchos están orgullosos de lo conseguido y en cierta manera denostan a los cobardes que se quedaron, a todos esos nuestros cobardes antepasados que no tuvieron agallas para irse...


Y yo digo que los valientes fueron precisamente los que se quedaron, los que tomaron la decisión de intentarlo a pesar de todo, pues lo fácil era claramente dejar el barco a una evidente deriva, hasta que los últimos lo vieran zozobrar, hasta que la localidad quedase vaciada a su suerte.

Más de una vez, al referir el glorioso pasado de algunos de nuestros pueblos, me preguntan qué pasó con ellos, por qué no siguieron creciendo, y contesto que simplemente se mantuvieron ahí, sin caer en esa locura de los tiempos actuales del crecimiento por el crecimiento, siendo a veces más exitoso el que sabe vivir feliz con lo que tiene, sin la necesidad imperiosa actual de ser cada año más grandes, más ricos, mejores... ¿Mejores?

Por supuesto, para los que se quedaron no fueron las ansias de seguir aquí por todo y ante todo, porque humano es el querer prosperar, pero vuelvo a reivindicar aquí esa palabra. ¿Quién decide que es prosperar? ¿Quién decide quién triunfa y quién no? Para mí es mucho más triunfador el que tiene lo que necesita y va con una sonrisa por la vida, que el que nunca tiene lo suficiente y siempre busca más y más, sin llegar jamás a conseguirlo (que ojo, divertido es el camino a Ítaca aunque mueras en la orilla). No es una cuestión de conformismo, porque esos paisanos que no abandonaron el pueblo fueron precisamente los más inconformistas de todos: nuestra ciudad no se va a conformar con quedarse vacía, con ver emigrar a todo el mundo, no, nosotros la vamos a sacar adelante y nuestros descendientes lo verán, y sí, ahí la tenemos...

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