22 enero, 2020

España vaciada herida de muerte

No somos demasiado conscientes, pero mi generación, la de los millenials (los verdaderos, los nacidos en los 80, aunque ahora se llame así a los adolescentes) es la última que va a recordar cómo era la España profunda, cómo eran los pueblos, cómo eran las profesiones artesanas perdidas, cómo se vertebraba esa península antes de que todos nos fuésemos a vivir a un puñado de ciudades que concentran el 80% de nuestra población.

La muerte de todo eso, de la España vaciada (o mejor: "La España abandonada"), es uno de los mayores atentados cometidos contra nuestra identidad, contra nuestro propio país, cuando sólo nos interesa salvar Cataluña, cuando al mismo tiempo es España la que se muere, la España rural que hubo siempre, cambiada de por vida por una España urbana que todo lo uniforma y lo despoja de su autenticidad.

Hoy en día ya muchos de esos pueblos de la España abandonada están en grave peligro de muerte, y es sólo cuestión de esperar a que la ley de vida se dicte, a que se supere la esperanza de vida, y hasta que el más longevo de sus "nacidos antes de la guerra" cierre por última vez los ojos. En algunos casos hablamos de pueblos con 2-3 habitantes, ya mayores de 80, que podemos dar por desaparecidos sin duda alguna, mientras que en muchos otros casos hablamos de pueblos con 100 ó 200 habitantes, donde ya no queda nadie menor de 60 que viva habitualmente en ellos, por lo que como millenials, efectivamente vamos a ver su cierre.



En mis viajes por esas provincias heridas de muerte (el top 15 son: Zamora, Cuenca, Orense, Ávila, Teruel, León, Palencia, Ciudad Real, Segovia, Lugo, Asturias, Jaén, Burgos, Cáceres y Castellón, que aparecen en este mapa interactivo que las señala en rojo de peligro) he podido visitar muchos de esos pueblos maltratados, algunos con menos de 50 habitantes, y muchos con excelentes monumentos, ya sean iglesias, castillos, fuentes, esculturas, con magníficos parajes naturales cerca, ya sean lagos, montañas, campos de lavanda, con enorme cultura, ya sea por la historia, ya sea por la gastronomía, ya sea por las fiestas que una vez al año aún los llenan, y con excelentes personas, pocas, muy pocas personas, encargadas ya maquiavélicamente de esa tarea macabra de apagar la luz y echar el cierre al pueblo, cuando el último de ellos expire.

Con ellos se perderá tanto... una manera de entender la vida, unas historias de lo que fue el pueblo, unas recetas "de la abuela" ya sean para comer o para remedios caseros, la sabiduría popular que no está en los libros, las palabras propias que ya no se escucharán jamás, profesiones que tan populares fueron y que ahora sólo existen en el diccionario y las novelas antiguas... Algunos intentan recuperar lo que pueden antes de que sea demasiado tarde (este artículo de viaje me parece interesante, recuperándolos mediante fotografías).

Recuerdo ahora, como decía de mis viajes, aquel paseo por Caracena (Soria), con rollo, iglesia, ermita y castillo, con mucho encanto y con apenas una docena de habitantes ya, donde sólo nos cruzamos con una señora mayor que iba a la puerta de la iglesia a coger cobertura. También es digna de recordar Mogarraz (Salamanca), de apenas 200 y pico almas, con aquellas caras de sus antiguos habitantes pintadas en las paredes. Algunos aún entre nosotros, y muchos un testigo de algo digno de preservarse de alguna manera. Otros como Medinaceli, Atienza o Pedraza, con mucha historia y peligro de muerte ya, cuando no hablamos de otros definitivamente vacíos como los de este artículo, muchos de todas esas provincias olvidadas. Sin ir más lejos, ya hablé de los de la provincia de Jaén, una de las más vaciadas, con muchos pueblos en peligro de muerte, e incluso algunos de sus "grandes pueblos" de toda la vida perdiendo población como locos, en una espiral que también los amenaza.



Es triste pensarlo: llenas de vida en los años 40 y 50, que empezaron a perder brutalmente habitantes por la falta de oportunidades y la emigración forzosa a las ciudades, donde generaciones enteras comenzaron a irse, y donde empezaron a no nacer niños de determinadas edades. Así, fue bajando la población, y primero fue el centro de salud que no llegó, luego los guardias civiles compartidos con otro pueblo, luego los cursos de la escuela que empezaron a fusionarse, después el párroco compartido con otros 3 pueblos, la farmacia cerrada, la desaparición del penúltimo cajero automático, el médico, los viejos artesanos y también definitivamente la escuela. Con todo eso empezaron a fundirse a negro muchos de nuestros pueblos, aún vivos porque aquellos que no se fueron aún no han muerto, muchos nacieron antes de la guerra (lo que supone ser mínimo octogenario ya), y aguantaron porque supieron sobrevivir y se enraizaron tanto que todos fueron uno, pero no podemos olvidar que ley de vida es.

Intentamos pensar cómo salvarlos de la quema, pero desde nuestro capitalismo urbanita sólo se nos ocurren más y más inventos que sólo son posibles desde nuestro punto de vista. Lo de dar casa y 20.000 euros a una familia que se establezca aquí con al menos 2 niños sólo es pan para hoy (y sólo para algunos), porque probablemente esos 2 niños abandonen el pueblo apenas tengan que estudiar y sus padres seguramente tengan que hacerlo con ellos. Lo de irse 10 parejas a un pueblo en plan comuna hipie también está bien, pero pasará exactamente lo mismo, y si al final al menos se quedna 5 de sus hijos a vivir, a la larga igualmente el fin llegará.  ¿Quizá montar empresas turísticas, casas rurales, senderismo, hacer jabones? Sí, no deja de ser un negocio que está bien que se ponga en marcha, pero de ahí sólo va a comer un puñado de gente, que tendrá que pedir por internet, que tendrá que desplazarse lejos al médico, etc, etc... nuevamente soluciones sin futuro.

En muchos casos estamos hablando ya de "muerte cerebral", son pueblos de menos de 500 habitantes donde el 50% es mayor de 65 años, y donde en ciertas edades ya no hay ni un sólo niño. Ya es imposible atraer suficiente gente como para salvarlos más allá de un par de empresas turísticas que mantengan eso como aldea dedicada al ocio; ya no tiene marcha atrás al no haber niños, y si tienes pocos, tampoco, porque se irán.

Pero voy más allá: ¿qué pasa con muchos pueblos que ahora tienen 2000-3000 habitantes y donde hay 800-1000 personas de más de 65 pero sólo 150 de menos de 15?, pues si obviamente hacemos cuentas y sumamos la probable emigración a la ciudad, tenemos que en 30 años serán ya menos de 1000, es decir, también en vías de extinción.



Una de las medidas estrella podría ser la itinerancia de servicios básicos, cosas que a uno le hacen pensar en dejar el pueblo, la falta de medios. No tiene sentido que no haya una farmacia o un cajero automático, o incluso superfluidades como un cine. Todo eso se puede llevar a cabo con un camión que venga al menos una vez en semana, pero también haría falta la presencia de la administración, que online permitiría no tener que desplazarse. ¿Problemas? Pues seguiría habiendo muchos, sobre todo una vez cubiertas las necesidades básicas estaría la falta de variedad en el ocio, y por supuesto lo lejos que quedaría la civilización: los pueblos que se quedan incomunicados por la nieve tendrían poco futuro, los pueblos a más de 2 horas de la capital, igual, pero al menos habría que salvar al resto si es posible.

Por supuesto, tenemos que poder ir a comprar (tiene que haber dónde), tenemos que poder llevar al niño al pediatra (mínimo tiene que pasar uno 2-3 veces en semana), tenemos que tener consultorio médico al menos 4 días a la semana, tenemos que tener internet en condiciones y tenemos que tener por supuesto un bar, lugar de encuentro, algo obligatorio. Los niños han de poder asistir a la escuela, de algún modo. Quizá no todos los días desplazarse al pueblo "grande" cercano, sino que incluso algún día puedan quedarse en el suyo y hacerlo "online", sería una manera de evitar tantos desplazamientos, pero igualmente, el transporte no deberían hacerlo los padres, sino que sería gratuito y puesto por el gobierno autonómico...

En fin, son medidas, ya inútiles para muchos de ellos que no tienen niños ni juventud para tenerlos. Sólo son cadáveres andantes que comenzaron a morirse tras la posguerra y con el nuevo sistema económico de ¿progreso? que a España llegó, y que luego simplemente hemos acabado matando entre todos. Para muchos ya no hay solución, ¿estamos dispuestos a luchar por el resto, o vamos comprando una vivienda a precio desorbitado en los suburbios de Madrid, Valencia, Málaga, Sevilla, Barcelona, etc...?  A tiempo estamos.

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