10 mayo, 2026

La perduración de lo que escribimos

Escuchaba hace unos días respecto de una nueva película documental en la que aparece Manuel Vicent (escritor y articulista nacido unos días después que mi madre, y meses antes de la Guerra Civil española; creo que el documental se llama "Mañana seré feliz"), que él opinaba que al final lo que escribes se pudre y no queda nada, lo único que perdura es el personaje y no la persona, y no merece la pena el esfuerzo que hay que hacer para ser un personaje.

Y sí, analizándolo un poco estoy completamente de acuerdo, aunque sea un poco duro pensar que toda esa vanidad de nosotros los escritores, plasmada en un puñado más o menos grande de libros publicados que se pueden apilar y llegar a servirnos como taburete para alcanzar un estante o incluso para llegar a la estratosfera (en el caso de Pérez Reverte y otros), no va a ser en otro puñado de años o de décadas o incluso centurias más que polvo sideral, una anécdota olvidada, un hecho irrelevante. En mi caso es igual pero siguiendo un proceso más rápido, ya que aún no he vendido ni un millar de ellos. Nadie me va a recordar poco después de dejar este mundo cruel, pese a que haya dejado algún libro a mis espaldas o un blog con décadas de vida y cantidad de botellas echadas al mar. Alguien las recogerá seguro, y piensa uno que ahí, alguien dentro de 600 años me leerá y dirá "es verdad, qué razón tenía", o "qué chiflado", y eso me mantendría vivo de algún modo pese a que ni las malvas criadas ni sus descendientes existan ya, pero no... 

Demasiada arrogancia ahí, porque no, no quedará nada, y como bien dice Vicent, quizá el personaje sí perviva, un personaje bien hecho, bien notorio, bien anecdótico que nadie dejara pasar y que se grabara en el imaginario popular, ya fuera a modo de dicho o refrán, o como palabra "millenial" que trasciende a otras generaciones.



Pues eso, que yo simplemente quiero disfrutar todo esto mientras estoy, me da igual aunque dé un vértigo tremendo pensar en perdurar o no, pues yo no voy a disfrutar esa durabilidad, y como mucho la podrán disfrutar hijos y nietos, quién sabe. No creo que nadie que esté vivo justo ahora, en su sano juicio, tenga pensado seguir existiendo aunque sea en la memoria popular más allá del año 2200, por eso, démosle a todos estos escritos la importancia que tienen, porque sí, ya llegará su momento, y como tantas y todas las cosas: acabarán también podridos en la nada.

 

Por Cierto: Para otra vez me guardo una frase de Vicent que leo en esta entrevista en El País, y con la que me siento muy identificado: "Al no creer en nada, creo en todo. Pienso igual que cuando tenía 18 años. Nunca he cambiado de bando, pero es porque nunca he tenido bando, lo cual facilita mucho las cosas. Sólo soy un demócrata"

 

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