23 mayo, 2026

Deseos para 2050, renuncias que no quiero

Estos son algunos deseos al azar para 2050, de alguien que vio el mundo como era y el mundo hacia donde iba, y lo que nos íbamos a perder por el camino con la evolución tecnológica, primero de internet, luego del internet en la mano, luego de la IA y finalmente de la IA integrada en el propio cuerpo. Algo siniestro que podría pensar cualquiera en los años 70 del siglo pasado, algo maravilloso también si fuéramos capaces de usarlo con mesura, pero al ser humano no le da tiempo evolutivamente hablando a adaptarse a cambios producidos en un puñado de años, y así, literalmente tenemos exactamente el mismo cerebro que nuestros bisabuelos, pero incluido en un mundo que en casi nada tiene que ver al suyo, y así, es imposible que seamos capaces siquiera de no sentir un vértigo enorme ante lo que se nos ha venido, ante lo que nos espera. 

Así, yo pienso en el mundo ultratecnológico y alienado que nos espera en 25 años y casi me asusto desde mi mentalidad millenial, y no puedo concebir que tantas cosas hayan dejado de existir o nos importen un bledo para entonces, y son pequeñas cosas, pequeños placeres a los que no querría renunciar, ¿y vosotros/as?

-No querría renunciar a encender una radio (¡qué porras eso de la radio online o en la red) y sentirme acompañado, hablado, interpelado, por otro ser humano a ser posible, que trata de distraerme, de divertirme, de darme esa cálida compañía de las ondas. 


 
 

-Renunciar a poder salir a la plaza a dar toques a un balón, a dar una simple vuelta en la bici, a pasear por un apartado sendero en la montaña o el campo, a ir a una playa desprovista de masificadas sombrillas.

-Renunciar a llegar a casa de alguien, llamar y que te abra y conversar, preguntarnos cómo nos va, cómo de absorbidos por la IA estamos, sin necesidad de que nuestros Alexas internos se sincronicen y ya lo sepan todo antes de mirarnos a los ojos.

-Renunciar a una canción delante de una hoguera, a tocar un instrumento, a pensar cómo se decía esto en un idioma extranjero, a calcular una suma o una multiplicación sencilla sólo con mi cabeza, a trazar un plan con papel y boli (o incluso lápiz).

-Renunciar a una tortilla de patatas, una ensalada de pollo, un buen entrecot, unos guisantes con jamón, un plataco de violetes y croquetas, sea lo que sea, con el sabor de antaño y la receta de memoria de las abuelas de toda la vida.

 

                                                          Imagen: Cocinando entre olivos, ¡porque menudos violetes!
 


-Renunciar a discutir un poco sobre si aquello fue ese año o el otro, sobre si esa película era de los 80 o los 90, ese partido acabó con un resultado u otro, esa canción era de un artista u otro, ese libro, todas esas pequeñas discusiones que llevan a otras interesantes conversaciones si no se zanjan de golpe recurriendo a la tecnología.

-Renunciar a un flirteo puntual, a una sonrisa, a una cómplice mirada, a un titulillo, un chistecillo, una retartalilla, una inequívoca señal de un código compartido, un meter ficha, un tirar caña, un vacile de colegas, una broma de buen gusto, una ironía, un sarcasmo, un pique, un vis a vis.

-Renunciar a pedir consejo a un igual, a dar consejo, a empatizar viéndonos la cara como un poema, a ser aconsejados con una barbaridad, a matizarla, a ser malentendidos, a malentender, a aclararlo, a ponerlo peor, a hacer las paces.

-Renunciar a pasarme con el postre, a bañarme cuando no toca, a no bañarme cuando toca, a restringirme, a lanzarme a tumba abierta, a hablar de más, a callar, a acelerar, a frenar, a bajarme cuando mundo quiere que siga girando, a no cortarme las uñas, a afeitarme, a ir sin sujetador, sin calzoncillos, sin bragas, a la deriva.

-Renunciar a cambiar de camino por el mero hecho de cambiar, a ir por otro lado, por donde los demás jamás irían, por donde también van los demás, a salirme un rato del rebaño, a andar y desandar veredas ignotas, a hacerlo diferente por gusto, a cambiar de mano, de ojo, de punto de vista, de compañeros.

-Renunciar a sentirte ahí al lado, a sentiros míos, nuestros, iguales, distintos y semejantes a la vez, de mi tribu, de mi tipo, de mi especie, sin que nada pueda evitar ese especial cariño a alguien con quien a lo mejor jamás has saludado.

-No querría renunciar a meter la llave y girarla, a darle al gas para cocinar, a abrir la nevera a ver qué surge, a descorchar, a destapar, a desollar, a exprimir, a calentar, cocer, escalfar, a congelar y descongelar, a tostar, a quemar, a abrir y cerrar las ventanas al gusto, a dormir por la noche, a echar la siesta de pijama y orinal. 


 

-Renunciar a saltar y correr cuando me dé la gana, a empujar cómplicemente, a dejarme ganar, a lanzar, parar, tirar, colocar, despegar, aterrizar, afinar, golpear, recoger, atacar y defender.

-Renunciar a darlo todo por una causa justa, a dar mi opinión, a sugerir con muchos argumentos, a plantear hipótesis con y sin base científica, a discrepar, a estar completamente de acuerdo, a patalear cuando no se hace como yo quería, a negarme, a incitar a la insumisión, a la subversión, a acatar agazapado hasta la siguiente oportunidad.

-Renunciar a los linces en libertad, a los rinocerontes, a los lémures, a los pajarillos, a los infectos insectos, a los seres de madriguera, a los de árbol, a los de suelo y cielo, a los de mar y montaña.

 

Y no, no querría renunciar a tantas otras cosas por vivir en un mundo totalmente abocado al dominio de la IA y las máquinas en el que nuestra capacidad de decisión es 0%, nuestra libertad completamente olvidada, nuestros impulsos reprimidos, nuestro cerebro absolutamente dormido, y todo ello bajo el yugo de quién sabe quién o quién sabe qué. No quiero eso para mí, para mis hijos, los vuestros, para nuestros nietos, sin duda que no. ¿Sería mejor volver a 1990? No digo eso, pero no toda tecnología tiene por qué estar concebida para arrasar con lo anterior, no siempre "video killed the radio star". ¿Por qué ninguna nueva tecnología está pensada para convivir con las existentes? ¿Será que así es nuestro mundo, no somos capaces de coexistir con la competencia, con la manera antigua de hacer las cosas? (porque toda manera nueva nunca es mejor en todos los aspectos, eso tenedlo por seguro).

Si estamos aquí dentro de algo más de 23 años, ya tenemos otra cosa para discutir, para deleitarnos comparando lo que mi yo piensa hoy del futuro con lo que realmente ese futuro nos deparó. 

Hasta entonces: sinceramente vuestro, Javi.

 

No hay comentarios: