29 mayo, 2026

Siempre es la última vez

Aunque mañana salga el sol otra vez, siempre es la última vez. Aunque mañana recibas el don de poder repetir todo lo que hiciste hoy, siempre fue la última vez. Por nimia que sea la acción de hoy, mañana ya no será exactamente igual, siempre es la última vez. Cada despedida es la última, cada abrazo es un hasta siempre, cada vez que lo haces es para nunca volver.

Parece que mañana todo apunta a que podrás hacerlo exactamente igual, pero el universo conspira, y hoy, y mañana, millones de seres humanos habrán hecho por última vez lo que creyeron poder repetir aún durante un tiempo, por eso, para ti, siempre es también la última vez.

Y aunque como robots no nos demos cuenta de que todo acaba, cada minuto, cada segundo, cada día, es una última vez, un último regalo, pero puede que también un último final para el sufrimiento, para el castigo, y por supuesto para el premio, cuya esencia también algún día se termina.

¿Merece la pena perder la frescura del momento por atesorarlo? No, simplemente vivirlo, ya luego lo recordaremos como podamos, porque si no lo vivimos a tope pensando "esta es la última vez", entonces el recuerdo robotizado no merecerá la pena, os lo aseguro.

¿Cómo saber cuándo es la última vez? Pues a veces es posible saberlo porque desde el principio hubo un rango temporal preestablecido, y es la fecha la que nos lo dicta, porque segundas partes normalmente nunca nos llenaron como la primera; y otras veces, pues no hay rango temporal claro, pero sí un rango de probabilidades lógicas, pues nunca nadie ha vivido 120 años o nunca un niño ha seguido siendo un niño con 20 si mediar enfermedad, así que sí, cada día pasado es uno más vivido, y uno menos para la última vez.

Y así, con mis últimas veces me levanto y me acuesto, pensando temeroso que quizá hoy fue la última vez, que mañana quizá lo sea, y me animo a levantarme animoso y celebrante mañana, porque podría ser la última vez, y me acuesto triste y desdichado pensando que así lo hubiese sido.


 

Y pudo ser la última vez de correr a un abrazo, de engancharme por la camiseta desde abajo, de tocar el piano, de jugar un ajedrez enloquecido, de helicópteros al acostarte o levantarte, de cogernos de un puñado e irnos a dar una vuelta fresquita a ver a la tita a la partarriba, de bailar el último baile inventado con música navideña, de sacar un muñeco de la fuente de cerámica, de hacer el perro, de dar golpecitos en el gallo y saludar al "zeñó acostao" por las mañanas y recorrer el pasillo al son de la banda de música, de andar con un moscardón puesto en el zapato, de pintar y pintar el mismo bonito cuadro familiar, de ir juntando números y luego letras torpemente, de confusiones graciosas de media lengua, de inocencia de concursante de gallifante, de caber en un hueco, de escucharse el perrito, de escuchar gritos y gente hablando sola, de quejarte por no poder jugar, de lanzarte brazos al aire a la piscina, de ser masacrada a cosquillas por tu madre, de cogerte para machacar, de matar hormigas y comer nísperos de forma orgánica, de hacer la ruta hacia el árbol de aceitunas, de pelarte las cosas, de entrar en el baño sin pudor, de tirar medio litro de agua destilada por la azotea para escribir letras, de no tener ninguno uso de razón. Porque mañana todo puede haber cambiado para todos, porque seguro que dentro de 15 años nada de esto será posible y lo echaré de menos. Porque la vida es lo que pasa mientras esperamos la última vez, mientras atesoramos lo inatesorable, mientras somos conscientes de ser felices y anhelamos que nada cambie, mientras esperamos la siguiente fase que llegará arrasando con todo.

Porque quizá hoy pudo ser, y porque siempre, siempre, es la última vez. 

No hay comentarios: