19 febrero, 2020

Pues no, ni sé ni conozco ni he hecho, ¿y?

Pues no, no sé quién es el tal Bisbal, me suena a un cantante catalán, ni el tal Setién, que me suena a un cura, ni la tal Belén Esteban, que me suena a actriz de cine, ni el Maxim Huerta ese, que me suena a revista de hombres, ni Karl Marx, que me suena a cómico, ni Sócrates, que me suena a futbolista brasileño, ni Juana de Arco, que me suena a deportista olímpica de tiro, ni Irene Montero, que me suena a coche todoterreno, ni el tal Chiquito de la Calzada, que me suena a ingeniero de obras públicas, ni la Rosalía, que me suena a poeta, ni Gorbachov, que me suena a baile del Este, ni Robespierre, que me suena a gato de mi vecina...

Incluso no ubicaría bien en su tiempo a Helmut Kohl, Copérnico, Descartes, Judy Garland, Isabel II de España, Victoria Kent, Mahoma... ni en su espacio o lugar adecuado a Groenlandia, Perú, Salamanca, La Gomera, Túnez, Grecia, Alabama o la Fosa de las Marianas.

No, no me suena de nada ni sé qué es un TikTok, una estructura reticulada, un bosón, un trilobite, una CBR, un R-6, un Kalashnikov, un florido pensil, un millenial, una acerola, unas judías en sobreusa, unas botas de chúpame la punta, un texas ranger, un afrikaaner o una tija.



Ni sé, ni quiero saber quién es Fátima de Gran Hermano, ni el Carlos Francisco de Topacio, ni el Deivid de Falcon Crest, ni Antoñito el de la Isla de las Tentaciones, ni Pancracio el de Cumbres Borrascosas, y ni mucho menos el protagonista de la enésima saga de Star Trek o la repetición de la repetición de la repetición de Fast And Furious, no ni ná.

Nunca he probado a hacer el pinopuente con las orejas, ni la garza invertida, ni el baile del pingüino volador, ni la hoz con un canuto, ni el combo del Mortal Kombat, ni la tortilla de tres huevos, ni a derrapar con la moto, ni hacer un caballito, ni cantar las alabanzas de un tirano, ni correr hacia atrás por la playa, no he probado, aunque no pueda decir que no probaré.

Todo eso no, y me miras preguntando inquisidor, con cara de sorprendido, con rubor avergonzado de siquiera conocerme. Qué barbaridad, qué ignorancia e incultura manifiesta. No, algo que el común de los mortales desconoce, yo también lo desconozco. Sí, algo que sólo una ínfima y especializada parte tiene noticia, es totalmente indiferente para mí, ni sé, ni me importa.

¿Cómo no has leído nunca un Manga? ¿Cómo no sabes quién fue Valero Rivera? ¿No has estado en las Maldivas aún? ¿No has visto la última de Tarantino? ¿No has probado el hummus? ¿No has besado nunca a alguien de tu mismo sexo? ¿Cómo es que jamás te has comido un chuletón de los grandes? ¿Aún no has hecho viajes del Imserso? Que no, y no por ello me importa.

Y así me miras estupefacto sin caberte en cabeza semejante desconocimiento y pasotismo, y recibes desdén por mi parte, que sé que todo eso son sucedáneos engañabobos culturales, porque nadie tiene por qué dictar la agenda, mi agenda, la de todos los demás, qué o quién importan y qué otros u otras son prescindibles. Qué es primordial y qué es accesorio en nuestra experiencia vital.



Hace tiempo ya hablé del "derecho a la presunción de ignorancia". No es lo mismo exactamente, esto es un ir más allá preguntándonos ¿y para qué?, un ¿y qué?, un darse cuenta de que nada es absolutamente necesario e imprescindible, y que nadie ha de ruborizarse por ello.  En ese mismo post hacía un alegato final parecido a lo de hoy, con tantas cosas que parecen evidentes y obligatorias pero que no lo son y nadie debería sentirse ridículo por no hacerlas.

Si no sabes, ten derecho a decidir si quieres saber o no. Si no sé, no tienes derecho alguno a torturarme por ello, porque quizá por algún otro lado se te vean a ti las costuras, y entonces, quizá ya sea demasiado tarde para dar ejemplo...

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