13 septiembre, 2023

Barbaridades que serán en unos años

Nadie se lo creerá cuando nuestros bisnietos se lo cuenten...

Fumábamos en los hospitales, dentro, incluso en quirófano, incluso en la consulta del neumólogo que te está diagnosticando cáncer de pulmón por haber fumado durante 60 años, el médico está fumando como un carretero (por eso quizá lo sepa bien), incluso en el paritorio, incluso cuando la gente tenía que estar en una burbuja...

Fumábamos en todos los transportes públicos viviendo en una nube de humo continua, en los bares y discotecas, en las terrazas de los bares incluso al lado de carritos de bebé, en los parques infantiles, en las pirotecnias...

Cogíamos un avión para ir a la provincia de al lado, a la comunidad autónoma de al lado, incluso aviones privados de 4 ó 5 tripulantes.

Los coches no se paraban en los pasos de cebra, los ancianos no eran respetados, la infancia estaba apartada a un lado, cada cual iba escuchando su música a toda bola sin cascos.

Nos automedicábamos a tutiplén, incluso opiáceos, estatinas y corticoides, hacíamos caso a influencers de 17 años para cambiar nuestro tratamiento médico, nos aguantábamos un tiempo cuando nuestra pareja nos zurraba...

Saludábamos con dos besos e incluso tres cuando no era entre hombres, tirábamos al desagüe agua potable sin reutilizarla con un circuito expreso para ello, poníamos el aire acondicionado con las ventanas abiertas, usábamos plástico a todo meter, hacíamos trasvases donde se perdía el 25% del agua, usábamos agua potable para regar campos de golf...

 Construíamos y destruíamos y volvíamos a construir, en cualquier sitio habido y por haber, incluso en los más vírgenes, un continuo haz y deshaz, en carreteras, puentes, rotondas y cualquier parque local, y matábamos especies selectivamente para solucionar problemas creando otros.

Cazábamos animales por su marfil o por supuestas cualidades curativas, ni siquiera para comer, encerrábamos a niños de otra raza en zoológicos y matábamos como si nada en campos de concentración o con bombas brutales a millones de personas.

Ellas, las mujeres de nuestro planeta y nosotros los hombres, hacíamos todo eso, cánceres de la Tierra que con sus medios intenta extirpar para siempre, pero aferrados estamos, y no dudéis que seguirá intentándolo.

Encumbrábamos a auténticas malas personas como individuos a seguir, denostábamos a los buenos de verdad, no creíamos que los pobres y los feos fueran aceptables como personas en quien confiar, a diferencia de los ricos y los guapos. Sobrepagábamos a muchos, a tantos, a casi todos, mientras subvencionábamos a nuestras propias rémoras y hasta garrapatas, para que nos comieran hasta el tuétano, siempre con la alianza de civilizaciones y el buenismo por bandera. Permitíamos que al que el destino le daba la espalda, acabara con la espalda rota, y siempre ayudábamos de buena gana al que se aprovechaba de los demás.

Despreciábamos a los padres y a las madres, a los abuelos, como si no valieran para nada. Nos creíamos mejor que los demás, usábamos fuentes de energía no renovable y comiamos comida venida de la otra punta del mundo, mientras nuestros agricultores tiraban la suya. Todos teníamos un coche particular, incluso dos, y los carriles VAO eran desiertos.

Teníamos ideología inamovible y jamás cambiábamos de colores en ningún ámbito para no beneficiar al enemigo.

Nacíamos con enfermedades graves alojadas en nuestro ADN, sufríamos dermatitis, alopecia, caries, miopía, hemorroides y teníamos callos. No teníamos acceso a internet en lugares remotos o de difícil acceso. Vivíamos sólo 70 u 80 años y teníamos que aprender idiomas para comunicarnos con otra gente.

Algún día nuestros bisnietos recordarán todo ello y dirán "qué bárbaros eran esos abuelos de primeros del siglo XXI".


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