La polémica de las casas vacías
Mira que no suelo hacer reseñas de los libros que leo (ni películas que veo, ni comidas que como, ni muchas otras cosas, Dios me libre), pero esta vez haré una excepción con lo que se ha ido convirtiendo poco a poco en un objeto mediático en el que el fenómeno de los 'haters' (como se llama en internet a los que odian algo) y los 'fans' (como se llama en internet a los que aman algo) ha superado en tamaño y relevancia tanto a la obra como al autor y como al personaje público (aquí ya no dices "¿has leído ese libro?", sino "¿has visto la que se ha liado alrededor de ese libro?)
Primero hagamos una breve presentación de la obra, que se llama La Península de las Casas Vacías, del prometedor autor jiennense David Uclés, nacido en Úbeda y con raíces en Quesada. La carta de presentación que es la portada es un fragmento de un boceto del óleo "La Romería" del pintor quesadeño Rafael Zabaleta, y la temática es la Guerra Civil española y las peripecias de una saga familiar durante la misma, como una oda a esa España que queremos y que habíamos dejado dolida y desvalida tras la contienda, todo contado con tintes de lo que se vende como "realismo mágico" (que en eso, los Cien Años de Soledad de García Márquez son uno de los ejemplos más conocidos).
Curiosamente, a primeros del año pasado estuvimos visitando Quesada y viendo dicho cuadro y su boceto en el Museo Zabaleta (aparte de que por la época había alguna charla o presentación del libro en la zona), por lo que ese detalle, unido a las ganas de leer una novela a principios de verano, a algunas muy buenas reseñas leídas, al hecho de ser un autor de mi provincia y a que por lo que sea aún no estoy cansado de estas temáticas bélicas españolas, de las que aún nos queda tanto por aprender y por no olvidar, todo ello me hizo pasarme por la Biblioteca Municipal de Porcuna y tomar en préstamo este libro (ojo, estuve varias semanas detrás de él, tanto en esta biblioteca como en otras, lo que ya denota el interés que había generado).
Por entonces, a principios de verano, no mucha gente conocía a David Uclés (hablamos del gran público, más allá de sus primeros lectores que ya eran cientos de miles, claro, pero que ni siendo tantos resultan suficientes para la fama de verdad), por lo que más allá de sus primeros seguidores, lo que no tenía apenas eran 'haters'. Así, me comencé a leer el libro libre de prejuicios, más allá también de las buenas críticas del boca a boca y la expectativa creada, que era buena, por lo que me tumbé al fresco día tras día, ratico a ratico por las tardes durante un par de semanas para engullirlo. Es extenso, con más de 700 páginas, y a veces se hace demasiado larguillo, dividido en más de 100 capitulillos que facilitan un poco la lectura y las paradas necesarias, que en mi caso fueron muchas.
Personalmente, fue una buena experiencia, más allá de los fallos o las disconformidades, las filias o las fobias que va teniendo cada uno en la lectura, los "si lo hubiera escrito yo, no habría hecho esto", los "está exagerando no sé con qué motivo", los "este pasaje está demasiado enrevesado, la gente no lo va a entender", los "eso no viene a cuento", los "eso no pasó como lo cuenta, pero es una novela, no historia" o los "ahí se ha pasado con la magia y se pierde el hilo de la historia", pero también los "muy imaginativo ese tinte de realismo mágico", "muy necesaria reivindicación de los vencidos tras la guerra", "un pasaje muy bien documentado", "un cameo de persona famosa muy verosímil", "un pueblo pobre de la España vaciada como protagonista", "se ha permitido el lujo de experimentar con el capítulo vacío o el capítulo en las lenguas oficiales españolas"... Al final es un diálogo entre tú y el autor, entre tú como consumidor con experiencia en consumir y alguien que lanza un producto a la venta para ganar dinero (lo que te da poder para opinar, faltaría más, ver cosas que crees mejorables en el futuro del escritor, otras que tiene pinta de que no mejorará, etc.), sin olvidar que arte es, que es un producto literario, y que la idea también es que contribuya a la sociedad de algún modo, con un legado, haciéndola más lista, más sabihonda, más partícipe de su historia.
Opino que quizá es demasiado trágico y desolador (no destriparé mucho, lo prometo), "matando" demasiada gente a la que le has cogido cariño y de la que conoces ya partes claves de su existencia, que da la sensación de que en pueblos como el de sus antepasados murieron varios miles de personas dejando el pueblo vacío, cuando no fue así, etc... También que a veces el realismo mágico que incluye es un deleite para los que lo disfrutamos y nos gusta usarlo y vivirlo, pero entiendo que en un tema tan crudo pueda parecer tomárselo a la ligera con esos cachondeos... En fin, a mí no me pareció el mejor libro que he leído, pero cumplió su objetivo: me entretuvo, me mantuvo metido en ese mundo janduleño durante unos días, esperando ansioso cada paso hacia el desenlace, aprendí cosas que no sé si recuerdo ya, me volvió a recordar esa época que los míos también sufrieron y aún sigue fresca, y también cumplió esa idea de: leer un autor joven, paisano, que había publicado el libro el mismo año que yo el mío, y que habla de lugares que me son conocidos. Lo recomendaría...
A partir de ahí, el autor empezó a aparecer en los medios con cierta frecuencia, comenzaron a hablar de él en X y Twitter, empezó a haber gente de derechas que destrozó con sus críticas el libro, como si nada tuviera de bueno, como si fuera un desastre mal escrito por un adolescente (qué tendría de malo si fuera así, todos somos inexpertos toda la vida en algo), como si fuera producto de una subvención que buscaba un nuevo medio de su propaganda republicana y de izquierdas, etc., etc., y ojo, los mismos que critican que se invente detalles la tachan de novela no-histórica, pues entonces qué problema hay. Y por otro lado las defensas a ultranza, ya no de lectores que tendrían toda la razón de opinar, sino del otro bando, y a tontas y a locas y sin comerlo ni beberlo, y al tran-tran, y al pan pan y al vino vino, de pronto todos estaban hablando en las redes sociales del libro pero casi sin reparar en el o incluso sin haberlo hojeado, y veías los típicos dignos que decían "no me lo he leído ni me lo voy a leer" o "no pude pasar de la primera página", que son los mismos que luego se leen cualquier porquería o dicen "no, pero a partir del capítulo 20 mejora...", perdonad que me ría...
Luego ya, el personaje y todo el adorno político que unos y otros le han puesto alrededor empezaron a devorar también al autor en el ámbito público (que oye, mejor, déjame a mí con mi vida privada que ya muestro la cara pública como me plazca), con su aire pueblerino y esa boina que lo realza, pero que a la vez le podría dar cierta sofisticación de bohemio parisino, quién sabe, según me caiga, puedo criticar la boina si soy de derechas para llamarlo garrulo o alabarla si soy de izquierdas para decirle artista de la alta sociedad, me da igual, yo solo sigo lo que dicta mi bando, que primero pregunto a los gurús qué es, qué he de opinar (también es cierto que a veces el hecho de que una persona a la que admiro y respeto, admire y respete a otra, ya para mí es suficiente para hacerlo también, y con Uclés me pasa, no por él, sino por los que a él lo respetan, así que mientras no la líe mucho, le doy el beneficio de la duda, de momento cada uno que vaya dejando en el camino las miguitas con las que quiere ser recordado).
Más tarde, para echar más leña al fuego, la bomba del premio Nadal, que como ya sabemos hace mucho por la deriva del Planeta, no es más que política, que nadie se lee las novelas, que está pre-dado, y no pasa nada, es el juego de la literatura actual, de las ventas, y se lo han dado porque lógicamente se ha hecho archifamoso y saben que tener esa obra en su editorial va a hacer que vendan como churros, ni más ni menos, y esa es otra historia, pero sí, por una vez la obra, el autor y su personaje han sido fagocitados por los fans y los 'haters', como todo hoy en día en nuestro cainita país, donde ya Madrid y Barça dan igual, y lo único que importa es tener un plan, saber desde que te levantas por la mañana a quién tienes que odiar y a quién querer, y así nos va, con una polémica continua por todo, con programas de debate que son "Salsa Rosa", con telediarios que son el No-Do, con críticos literarios que no le llegan ya a la altura de la babucha a periodistas de barrio de los 70 o folletines de instituto de los 80, cuando de verdad queríamos saber la verdad.
¿Y a David Uclés qué le diría yo? Pues que aproveche bien este regalo que le ha dado la vida, que es el sueño de cualquier juntaletras que emplea sus más grandes esfuerzos en lo que ama: que te lea mucha gente, que lo disfruten, que te den premios; y que se deje aconsejar por los muebles que tenga en su cabeza y los buenos consejeros que tenga sueltos ahora mismo en su cartera, que la fama es pasajera aunque a algunos les dure para siempre y es difícil de sobrellevar sin que tu 'doppelganger' te doblegue y te convierta otro; y que siga escribiendo, pero intentando ser lo más ecuánime posible aunque sus seguidores le pidan más y más sangre de lo contrarios; que escriba, porque siempre va a haber cosas que si no las dice él, si no las hace él, nadie las hará, y se perderán, las perderemos. Y todo, claro, pretenderemos que sin venderse a nadie, que es imposible porque esto es una industria y siempre hay que venderse a alguien, pero aun vendido, no vendiendo sus ideas al mejor postor ni dejando de ser uno mismo, que es todavía más difícil.
Mientras tanto, mientras nosotros hablamos y hablamos llenando tuits, reseñas y comentarios en el árido de internet, Uclés, mi paisano, querido e idolatrado por unos y vilipendiado y defenestrado por los demás, puede estar tranquilo por una cosa: los equidistantes estaremos aquí para matarnos con unos y con otros para defenderlo, y a la misma vez no le perdonaremos una si nos falla, porque por desgracia, a los que estamos en el centro es lo que hará una y otra vez, escoja el camino que escoja, y sí, sólo nos quedarán los blancos, negros y grises, siempre...
Por cierto: Y como siempre, ¡felices 90, Ilu!, allá donde estés, que sin duda será un buen lugar.


