El incivismo creciente, reeducación pendiente
Paseaba el otro día al lado de una de esas pistas deportivas urbanas multiusos, las de toda la vida con dos porterías de fútbol sala en los extremos y dos canastas de baloncesto en cada lateral, que en este caso en su día estaban llenas de gente jugando basket sana y cívicamente, pero que hoy están siempre ocupadas por lo que son verdaderos partidazos de fútbol de Champions (disculpen el fuera de lugar racista, pero -y este comienzo es el que ya muestra que el comentario va a ser racista del todo- ninguno de los abuelos de los habitualmente presentes en estos lares ha nacido en España, que no pasa nada, pero muestra también el escaso arraigo que la mayoría tiene por el lugar, las instalaciones o el equipamiento público del parque en general).
Total, que repito que paseaba el otro día al lado de esa pista (que esta vez tenía gente de todos lados, ojo: españolitos de varias generaciones con probable hidalguía incluidos), muchos adolescentes, algunos ya pasados de rosca, repetidores de la ESO, fumadores con años de experiencia, bebedores, chulitos, pelos de escarola, pintas sospechosas, aprendices de navajeros, algún intento de aspirante a banda latina, 'bros' varios, etc. Dudo que ninguno pise una facultad, aunque no dudo que la mayoría ganarán más pasta que los propios catedráticos universitarios, eso ni cotiza, como la mayoría de ellos en toda su vida laboral.
Total, que sigo: que de repente a uno de ellos se le cae la botella de cristal que lleva, sin querer, y se rompe haciéndose bastantes trozos, trozos de vidrio punzante tirados en una pista deportiva donde muchos echan una pachanga, muchos de cierta edad, pero donde también juegan a veces niños (porque, no se lo pierdan, en la entrada en un horario pone que hasta las 7 de la tarde está prohibido jugar a fútbol los grandes y es para pequeños, y a partir de esa hora es para los grandes, en una suerte de convivencia pacífica pactada que evita que los niños y los mayores coincidan para peligro de aquéllos).
Los amigos del que ha tirado la botella se ríen y se meten con él, y alguno le pega una patada a uno de los cristales, como mucho más sonrisas. Ni atisbo de pensar en recogerlos para evitar que alguien se haga daño, que ellos mismos se hagan daño, que uno de sus amigos que juega en la pista se caiga y se raje entero, que un niño por la tarde se haga muchísimo daño, etc.
Y pienso (y con perdón por la ordinariez): ¿cómo tiene que estar de mierda la cabeza de alguien para actuar así? ¿Cómo de sucia, cuán pozo o cuán cochiquera tiene que ser la mente de uno de estos futuros no-cotizantes que no creo que paguen la pensión de nadie para actuar así? ¿Es fruto de la edad? ¿Es la educación? ¿Es la sociedad, que suele ser el fácil chivo expiatorio de muchos problemas? ¿Es que no tienen ni la más remota empatía? ¿Es que no tienen amigos, ni familia, ni padres, ni abuelos, ni hermanos pequeños que pudieran ser dañados por esa botella destrozada? ¿Es que no tienen humanidad ni alma?
Pues eso, el individualismo nos mata, pero el gregarismo también, y si "se supone que debo reírme para ser guay", pues lo hago, porque recoger la botella no es de guays, será más bien de guapos, y no, yo quiero ser aceptado, y si tengo que dejar eso ahí o reírme o romperlo en más trozos, lo haré. Que sí, que siempre ha pasado, que cualquier adolescente vendería a su abuela por un poquito de aceptación del grupo, pero no sé... sigo pensando que algo de esperanza tendría que haber aquí, y algún límite tendrá que haber en lo de la venta de la abuela, ¿hasta dónde llegan los límites de esos pedazos de cabestros o bultos con ojos como diría ememe?
Lo dejo por hoy, sólo insistiría sobre lo mismo y a mi vejez la bilis hay que saberla gastar, hay que elegir las batallas estratégicamente, quizá hace 20 años me habría congratulado y le habría pegado la patada yo al cristal, pero hoy ya no, es normal, quizá todos hayamos madurado, quizá a ellos les haga falta madurar y realmente la respuesta sea la edad, pero sigo creyendo en el fondo que no, que una sociedad en condiciones nunca permitiría que ninguno de sus congéneres tenga la edad que tenga crezca con un cerebro y unos valores tan sucios, y sí, una de las mejoras de nuestra sociedad también debe ser esa, aunque tengamos la leve excusa de que a muchos de los que ahora la emborronan los han educado en otros lugares y otras culturas, por lo que se hace necesaria una re-educación, una re-inserción (ejemplos inapelables serían que el porcentaje de delitos, de encarcelados o de violencia de género entre los extranjeros en España es mucho mayor que el porcentaje que ellos representan en la población), y ya estamos tardando en hacerla.


No hay comentarios:
Publicar un comentario