22 abril, 2026

El genuino e inigualable Oscar

En los 80 y 90, con sólo decir el nombre Oscar, todo el mundo sabía perfectamente a quién nos referíamos, como si fuera Pelé, Prince o Cher, sin necesidad de ningún apellido añadido, aunque todo el mundo también conocía perfectamente sus dos apellidos "Schmidt Becerra", como si el real fuera el Schmidt y el Becerra una especie de mote brasilero al modo futbolístico argentino. Era uno de esos nombres que infundían respeto o incluso miedo nada más mentarlos, multiplicándose si se trataba del rival en el próximo partido, a saber: Petrovic, Sabonis, Gallis y Oscar, poco más podía darnos miedo fuera de los inalcanzables norteamericanos en ese baloncesto europeo aún prehistórico antes de los JJOO de Barcelona y todavía en desarrollo el resto de década de los 90, cuando Oscar aún seguía jugando en su Brasil natal por encima de los 40 años, metiendo triples uno tras otro, impenitentemente, como nadie lo había hecho hasta ahora (hoy, esto nos parece completamente normal, que un tío vaya metiendo 4 ó 5 triples de media por partido sin pestañear, incluso pivots, pero por entonces el triple aún era un recurso incipiente que sí, que hoy a veces es "recurso único").


Pues bien, hace unos días el bueno de Oscar Schmidt nos dejó para siempre tras sufrir la común "larga enfermedad" que no pudo superar, aún a una edad no demasiado mayor, de 68 años (ojo, ni siquiera han pasado 23 años desde su retirada), quedando para siempre records impresionantes en su haber, como los de ser el máximo anotador de la historia de los JJOO (también de un partido, con 55 puntos) y de los Mundiales, o directamente y a lo bestia: el máximo anotador histórico FIBA, con 49737 puntos. Por supuesto muchos más tanto de longevidad como de anotación, no sólo de puntos totales sino de media por partido; y a la misma vez quedando adornado el mito por un apodo como es debido: "Mano Santa", ni más ni menos que en referencia esa muñeca exageradamente fina para el tiro, pulida con horas y horas de entrenamiento, claro.

En 2010 entró en el Hall of Fame de la FIBA, de la mano de Larry Bird, en un discurso muy bonito de ver, muy sentido y muy enriquecedor, y divertido. Aclarando el motivo de su renuncia a la NBA para poder seguir jugando con su selección (en los 80 los partidos de selecciones estaban vedados a jugadores profesionales, y se consideraba que sólo lo eran los "NBA", por lo que sólo si eras "aficionado" podías seguir jugando con tu país), con la que estuvo a punto de lograr alguna medalla olímpica, pero cuyo mayor logro fue esa victoria con Brasil ante los universitarios estadounidenses en los Panamericanos de 1987, inalcanzables entonces para nosotros incluso esos universitarios...

En España tuvimos el placer de disfrutarlo dos años en el Fórum Valladolid, donde fue máximo anotador de la ACB y dejó un récord de 11 triples en un partido (exagerado para la época), cuando ya era muy veterano, aunque luego volvió a su país para seguir siendo máximo anotador hasta el año de su retirada, con 45 años, llegando a jugar junto a su hijo.

Sin duda fue uno de los personajes más respetados e importantes del baloncesto FIBA de los 80 y 90, cuando el baloncesto estaba hecho de dos mundos totalmente separados, y cuando podías ser una conocidísima estrella mundial sin haber siquiera jugado en la NBA. A muchos nos hizo querer que Brasil llegase lo más lejos posible siempre que no se enfrentase a nosotros, claro, porque encima, tenía mejor talante que los marrulleros de turno italianos, griegos, etc... Y en cualquier caso, y a estas alturas, el tiempo ha pasado y lo que ha quedado es el legado, y así, de esta manera lo homenajeo póstumamente recordando esas palabras que aún resuenan desde hace 40 años: gracias por todo Oscar Schmidt Becerra.

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