Nota: Artículo publicado en el Programa de Feria Real 2026.
En
mis ya lejanas incursiones por el archivo parroquial de Porcuna, pude
recabar bastantes curiosidades sobre cada una de las épocas, según
apareciera mayor o menor información en las partidas. Una de las más
prolíficas es la primera mitad del siglo XIX, donde encontramos
habitualmente la profesión del padre en los bautismos (aproximadamente
hasta 1850).
Me gustaría hoy hacer un pequeño repaso, sin
demasiadas pretensiones, recordando algunas de ellas, nombres ya en
desuso, perdidos o incluso profesiones ya casi extinguidas que
estuvieron entre nosotros hace no tanto:
En mis lejanas incursiones por el Archivo Parroquial de Porcuna tuve la
oportunidad de recabar bastantes datos interesantes sobre cada una de
las épocas. Una de las más ricas en información es la primera mitad del
siglo XIX, donde suele figurar la profesión del padre en las partidas de
bautismo; no obstante, esta se puede encontrar en inscripciones de
siglos anteriores, incluso en el XVI. Además, el Catastro de Ensenada de
1752 cita los oficios de muchos de los que aparecen en él, y aparte,
podemos conocer la ocupación de los presentes en documentos como actas y
ordenanzas del Cabildo, listas de hermanos de cofradías, visitas de la
orden de Calatrava, cédulas reales, protocolos notariales, anuarios del
comercio, programas de feria, etc.
Me gustaría dar un rápido repaso a unas cuantas de ellas, las más
curiosas, otras con nombres ya en desuso, casi perdidos, o incluso
profesiones ya extinguidas y olvidadas que estuvieron entre nosotros
hasta hace no tanto, citando a algunas de las personas que las
ejercieron:
► Aladrero: podría tratarse de un carpintero o fabricante de
herramientas agrícolas, aunque en otros lugares se refiere a un albañil
de ladrillos. En 1804 consta como profesión de Polonia Delgado Jaén,
recién fallecida, siendo una rareza, ya que no suelen aparecer oficios
femeninos más allá de los relacionados con la costura.
► Alarife: referido al arquitecto, maestro de obras y también al
albañil. Aún se utiliza pero está bastante en desuso. Por ejemplo,
podemos nombrar aquí a Maximiano de Huertas, que participó en la
reconstrucción del pueblo tras el terremoto de Lisboa de 1755 y fue
abuelo de los arquitectos Luis de Huertas y Tomás Toribio, emigrados a
Puerto Rico y Montevideo.
► Albardonero: artesano que confecciona aparejos para los animales de
carga, con cuero, lana, hilo o esparto. En Porcuna vivió hasta el año
pasado uno de los últimos de Andalucía: Benjamín Casado Moreno, sirva
esto también para homenajearle.
► Albéitar: literalmente “médico de animales”, veterinario. En algunos
lugares aún se les llama así. También podría referirse a un herrador de
caballos que hacía dichas funciones al conocer la anatomía del animal.
En la década de 1830 ejercían Manuel Ollero y Manuel de la Torre Ocaña.
► Alcabalero: cobrador de impuestos (alcabalas) que se fijaban sobre el
valor de las transacciones (similar al IVA actual). Pedro del Valle,
padre de nuestro poeta del siglo XVII Juan del Valle y Caviedes, ejerció
aquí como juez superintendente de la recaudación de alcabalas.
► Amanuense: como su nombre indica, escribían, pasaban a limpio o
copiaban a mano determinados documentos. Siglos después, con la llegada
de las máquinas de escribir y la informática, perdieron gran parte de su
sentido. Aquí incluiríamos a los escribanos, que eran una especie de
funcionarios públicos o eclesiásticos, entre los que encontramos, por
ejemplo, en 1600 a Jerónimo Roa, en 1641 a Bartolomé Gallo Gordillo y en
1732 a Antonio de Castro Baamonde.
► Aperador: encargado de manejar los aperos y animales de labranza,
aunque también podría ser lo que hoy es el encargado o manijero, que
transmite las órdenes del dueño de la finca a las personas que tiene a
su cargo. Se ha mantenido en el apodo “aperaorcico”, conocido
actualmente.
► Arriero (o mulero): persona que transporta mercancías mediante
tracción animal. Es otra de las que se ha perdido con la llegada de los
vehículos a motor. Andaban y desandaban las veredas, trochas y caminos, y
vadeaban arroyos y ríos para realizar sus portes. A mitad del XIX
aparecen muchos, como Ramón Barrionuevo Merino, Francisco Gascón
Vallejos o Benito García Garrido.
► Batanero: encargado de operar el batán, una máquina con mazos de
madera que golpeaba paños o mantas para darles cuerpo, suavizarlos o
eliminar grasa. En 1567 ya consta con el oficio Francisco Álvarez.
► Bracero: persona que trabaja a jornal (y literalmente “con sus
brazos”), principalmente en el campo, como hoy en día sería un jornalero
o peón. Todos tenemos un buen puñado de ellos (y por supuesto, de
ellas) en nuestro árbol genealógico.
► Calderero: artesano que fabrica y repara recipientes metálicos, como
ollas, cazos o sartenes. Lo ejercía el napolitano Vincenzo Chiacchio
Alagia, llegado a Porcuna en la década de 1850 junto a su familia,
continuando con su oficio nietos como Antonio, Vicente o Ruperto
Chiachío.
► Corredor de cuatropea: la cuatropea se refiere a las bestias o a la
caballería, por lo que sería una persona que comercia con ellas y se
lleva un beneficio de dicha venta.
► Curtidor: persona que realiza el curtido de pieles de animales para
evitar su descomposición y conferirle color, en una fábrica que se solía
llamar tenería. Mi bisabuelo paterno Manuel Navas Toribio y algunos de
sus hijos ejercieron este oficio hasta los años 30 del siglo pasado,
teniendo la tenería en la calle Gitanos y heredando alguno de ellos el
sobrenombre de “pellejero”.
► Espadador: encargado de trabajar el lino golpeándolo con una
herramienta llamada espadilla para ablandar su fibra y preparar su
hilado. En 1563 ya consta Francisco Fernández con el oficio, que aparece
en el siglo XVII como segundo apellido en la familia Morales, llegada
desde Martos.
► Espartero: persona que elabora útiles con
esparto, como pleitas, capachos, espuertas, serones, etc., siendo uno de
esos artesanos cada vez más difíciles de encontrar. Uno de ellos fue
Antonio Jaén Huertas, casado en 1843. Hoy aún la ejercen en nuestro
pueblo Modesto Pérez y sus hijos.
► Esquilador: el que corta la lana o el pelo de los animales. Forma
parte de todo un proceso que encuadra a muchos oficios, como pastores o
curtidores. Juan José Puerto Cobo lo era en 1842.
► Flebotomista (o sangrador): persona que extrae sangre (podríamos
asemejarlo a un “A.T.S.” o "practicante", palabras que ya también están
obsoletas). Por ejemplo, en la década de 1830 encontramos a Antonio
Cárdenas Gómez, procedente de Bédmar.
► Hacendado: que tiene tierras o propiedades. Se diferenciaba claramente
así al que trabajaba en ellas y al que no. El Catastro de Ensenada de
1752 cita a varias mujeres hacendadas como Clara de Tejerina Quero,
Concepción Grande Bueno, Ambrosia Bellido o Rosa María Peláez.
► Herrador: trabajador especializado en el cuidado de los cascos de
animales como caballos, mulas o burros, cuya tarea principal sería
colocarles las herraduras de metal. En el siglo XVI lo ejercían
Francisco o Cristóbal Ruiz, de una misma familia en la que se acabó
heredando su ocupación como apellido porcunero actual.
► Hilandera: pese a ser conocida, la incluyo por ser una de las pocas
profesiones que constan en las mujeres, sobre todo en las defunciones de
principios del siglo XIX, junto a las de costurera y tejedora. Una de
ellas fue María de los Santos Ojeda Rueda, fallecida en 1803.
► Hornero: aunque podría valer para cualquiera que tuviera un horno,
normalmente se referirá al que lo usa para cocer pan, el panadero. Fue
la profesión de algunos de los franceses llegados a Porcuna en el siglo
XVIII, como las familias Anera, Puentes o Callado, aún presentes.
► Lañador: persona que arregla objetos rotos mediante el uso de grapas o
lañas (por ejemplo, en cacharros de loza o barro, que seguían sirviendo
una vez recompuestos). Hoy en día, con la cultura del "usar y tirar" y
la “obsolescencia programada”, ha perdido mucho su sentido.
► Maestro de armas: enseñaba el manejo de las armas y los términos que
se debían conocer para utilizarlas. En los siglos XVI y XVII aún se
celebraban los juegos de cañas, parecidos a las justas o torneos a
caballo, y existían los caballeros de cuantía, obligados a costear armas
y caballo, en una época en la que era habitual tener que ir a la
guerra. En 1603 se casa el maestro de armas Francisco de Heredia
Biendicho, del que descienden los que llevan su apellido en Porcuna.
► Mayoral: encargado de una ganadería o grupo de reses, e incluso
personas. Siguen existiendo, aunque la palabra cada vez se escuche
menos. Por debajo estaría el rabadán, responsable de cuidar el rebaño,
ocupación que ejercía en 1598 Cristóbal López, como consta en un
bautismo.
► Organista: encargado de tocar el órgano de la parroquia. En 1567 lo
era Pedro Daza, mientras que en el siglo XIX encontramos a Felipe Chica
Mena, de Castillo de Locubín, cuya profesión de músico la heredó su
nieto Manuel como director de nuestra banda municipal hasta los pasados
años 50. También estaban los bajonistas, que tocaban un instrumento de
viento llamado bajón.
► Pegujalero: labrador o ganadero que tiene poca porción de tierra o
ganado (el pegujal). Por ejemplo, en 1845 constaba como oficio de Luis
Vallejos Juárez, al bautizar a un hijo.
► Picapedrero: el que extrae las piedras de las canteras para las
construcciones. Hoy en día lo llamaríamos "cantero" simplemente, aunque
habría que diferenciarlo del artista cantero (pese a que en muchos casos
coincidirían). El malagueño Francisco Zambrana Rodríguez lo era en
1881.
► Platero: artesano dedicado a fabricar y arreglar objetos
de plata. En 1698 se casa en Porcuna Diego Ruiz, de Andújar, cuya
familia lo ejercía.
► Quincallero: que comercia o repara de forma ambulante productos baratos de metal como herramientas, recipientes, etc.
► Tintorero: persona que tiñe prendas de vestir, y que era parte de ese
laborioso proceso desde que se sacaba la materia prima hasta que se le
daba color y se cosía, que ahora lo hacen un par de máquinas y que antes
implicaba a no pocas profesiones (y todas daban de comer a los que las
ejercían, a pesar de ser tantos). Por ejemplo, en 1563 encontramos con
el oficio a Alonso Garrido.
► Trajinero: que transporta mercancías de un lado a otro. Es aplicable
también a los arrieros y muleros. Mi tatarabuelo Manuel Millán Herrador y
su padre Francisco Millán Pérez lo fueron.
► Tundidor: encargado de cortar el pelo o lana de los paños, pieles o
tejidos, para eliminar imperfecciones y mejorar la calidad del material.
En el siglo XVI encontramos por ejemplo a Juan Calancho y a Cristóbal
Cuéllar.
► Zapatero: que hace o arregla zapatos. En Porcuna hace casi un siglo
había decenas de zapateros con sus decenas de aprendices y sus múltiples
apodos: Alconchel, Mangalisa, Milhombres, Montejícar, Niño la Eme, Niño
Peñas, Niño Zapatero, Padre Jesús Mío, Primores, Puerto, Rubico Cañas,
Rubico Cristina, Zapaterico, Zapatero Misterioso y algunos más. La
mecanización de estas tareas y la llegada de esa cultura de “usar y
tirar” hicieron que dejara de merecer la pena confeccionar o remendar
zapatos a mano, por lo que poco a poco han ido desapareciendo.
Y lógicamente hay muchas más que siguen existiendo, ya sean los
hortelanos, carpinteros, confiteros, herreros, jornaleros, molineros,
pastores, sastres o cualquier otra, imposible referirlas todas, siendo
en general la representación de un modo de trabajo totalmente manual que
hoy en día está casi por completo ejercido o asistido por máquinas, y
que nos narra cómo fue la vida de nuestros antepasados hasta hace
prácticamente un puñado de años, cuando la inteligencia artificial
todavía era un sueño. Que no se nos olvide el camino andado, ¡y a mucha
honra!