Agresiones y cordialidades diarias
La vida del ser humano es así, un continuo de agresiones y cordialidades diarias que uno recibe, y que se comienzan a producir nada más abrir los ojos por la mañana y terminan cuando se cierran por la noche (e incluso tampoco lo hacen a veces aunque uno esté dormido...). De hecho, nosotros mismos somos emisores continuos de esas agresiones y cordialidades diarias, no faltaba más.
Y así discurren nuestros días, como una montaña rusa en la que a veces somos los agredidos y a veces los agresores, y a veces los que recibimos la amabilidad o cordialidad, o los que la emitimos, y por supuesto, hay días en los que recibimos el doble de agresiones que de cordialidades, lo que los convierte en una porquería de días, y otros donde las cordialidades superan con creces las agresiones y esos son un paraíso. Y aparte, por terminar ya esta introducción, a veces 100 cordialidades son ensombrecidas por una agresión que todo lo llena (a veces la agresión está en nuestro ojo sólo, y podríamos evitar que nos amargara el día, pero así somos).
Total, que puede amanecer con tus vecinos hablando en la cama durante un cuarto de hora, agrediéndote, con unos pajarillos cantando cuando te despiertas, alegrándote, con unos pitidos de coche, agrediéndote, con tu familia dándote los buenos días, alegrándote. Y te siguen agrediendo los conductores rivales en la rotonda y las incorporaciones, sin darse cuenta de que a todos nos iría mejor si pensáramos que el resto de coches son de familiares y amigos, y te alegra la sonrisa amable en las tiendas, y una deferencia de paso en la acera, y el saludo de otros ciclistas que antes habías adelantado. Y te agreden los padres de los otros niños, con sus incongruentes incongruencias y su dejadez total y absoluta a la hora de criar a sus revoltosos hijos, cuando todos sabemos que el comportamiento de cualquier niño en un bar es exactamente el resultado de la educación recibida, vamos, totalmente proporcional, y no una consecuencia de una manera de ser innata, en la mayoría de los casos.
Y así, la simpatía de los amigos nos alegra, y la prisa de otros nos agrede, mientras que el director general de la empresa agrede a todos los empleados en su discurso, mientras las sonrisas cómplices de los compañeros nos alegran. Y la buena atención en atención al cliente nos alegra, mientras de nuevo la prisa y el incivismo de algunos nos agrede, y en otros momentos la invitación a participar nos alegra, mientras que una mañana de buen sol y la gente saliendo a correr nos vuelve a alegrar, mientras que los ladridos de un perro que te despiertan te agreden.
Es una rueda, y hay que ser capaces de calmarse y ver la parte buena, porque la gris es gruesa a veces, y una conversación simpática nos puede alegrar, y una atención en el bar o el restaurante también, una buena comida hecha con cariño, todo eso nos alegra, otra sonrisa, y una nueva sonrisa más, son varias alegrías seguidas que seguramente una sola agresión será capaz de romper, y pasa el día y llega la noche, y hacemos balance de cordialidades y agresiones a ver si nos vamos tristes o contentos a dormir, ni más ni menos.
Que nunca os vayáis tristes a dormir, o al menos los días en los que el balance de verdad sea positivo, siendo capaces de relativizar y ponderar bien esas poquillas y absurdas agresiones respecto de todo un mar de cordialidades diarias, que las hay.


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