17 octubre, 2026

Anécdotas y curiosidades algarveñas

Hoy vamos con un resumen rápido y sin demasiado detalle de nuestro puente en aquello que llaman Algarve portugués y no es más que una continuación de Andalucía, aunque ni por asomo el carácter de los lugareños se parezca a la de sus menos desaboridos vecinos onubenses.

Todo comenzó con la primera alerta del coche, típica de los viajes largos que algún día nos dejará tirados, todo eso camino de Almonte, donde volvimos a ver a la Virgen 14 años después, como en aquel otro primer viaje a Huelva, aprovechando esta vez para visitar el Rocío, en una visita inédita a la mastodóntica aldea de estilo western americano, llena de gente, arena de playa, soletazo y huérfana de su pastorcilla divina, en la que compramos un décimo de lotería que nos hará ricos en un par de meses.

Después, parada rápida para echar gasolina y evitar repostar en ningún momento en la 20 céntimos más cara Portugal, y llegada final al hotel con dos habitaciones en una, y cocina y terraza y todos sus complementos de cuatro estrellas, aún con el móvil dudando su tenía la APN correcta o no. Los peajes parece ser que desde 2025 los han quitado en la zona, tranquilidad total para viajar por sus estupendas autovías.

Más tarde, salida rápida al Algar Seco y sus desfiladeros y acantilados, evitando caernos al mar y disfrutando de una magnífica puesta de sol. Pasamos de la famosa cueva Boneca porque estaba con una cola impresionante, y tras cenar y tocar la cálida agua de la playa por la noche, nos dirigimos a dormir, siempre siguiendo escrupulosamente el horario español, que en Portugal es lo mejor.

Ojos de la Cueva Boneca mirando hacia el mar

 

Por la mañana ruta por el oeste con Sagres y su cabo del fin del mundo en San Vicente, con bastante aire pero nada de frío, al lado de la terrible dorsal que cada varios siglos emite un terrible terremoto que destruye la península, y que quede mucho para el siguiente. Paseo por Lagos recogiendo chapas en las zonas de litronas, comida y paseo largo por los acantilados de la Ponta da Piedade y sus intrincadas cuevas y agujeros caprichosos en la roca, y final en Portimao con su enorme playa y sus calles llenas de bares y pubs elegantes llenitos de extranjeros. La cena, en el pequeño Ferragudo, con los otros clientes impresionados por el tamaño de nuestros platos, la torrada, la francesinha y la tortilla en un kiosco de tres al cuarto que merecería 10 estrellas. Para acabar el día, un helaíllo en Carvoeiro. 

 

Acantilados de la Ponta da Piedade
 
Barcas de pesca en Ferragudo bajo la puesta de sol
 
 

A la mañana siguiente, tercer intento en la cueva Boneca que esta vez estaba completamente vacía en un día laborable allí, nacional de España en nuestro país, sacando unas fotos en esa ventana al mar que realmente no es para tanto. Luego un intento de ver cuevas en Benagil entre la vorágine de turistas, visitantes y trabajadores preparando las barcas y lanchas. Después el parque temático de las esculturas de arena en el "Sand City", y paseo por la pintoresca Silves, degustando después una cataplana en un bar típico portugués y más tarde disfrutando de una siesta antes de pasar por Faro y Albufeira, esa estridente Las Vegas secuestrada por miles de guiris, con cientos de restaurantes, tiendas de souvenirs y luminosos al estilo americano, donde cenar multiplica por dos cualquier estimación de precio normal, y los relaciones públicas se lanzan como buitres encima de uno. 

                                                                     Puente romano de Tavira

 

El día de vuelta, paso por más pueblos pesqueros y llegada a Andalucía para comer en un bar de polígono con reseñas pluri-estrelladas y un dueño más preocupado por recibir visitantes de "Lulel" que otra cosa. Jugar y jugar a las matrículas y al Scattergories y descanso merecido tras tres días de relax en el Algarve, mucho menos frenéticos de lo habitual en nuestras vacaciones.

 

13 octubre, 2026

Casi curado y a vivir que son dos días

Estaba yo bien, perfecto, vivito y coleando como siempre pasa antes de ponerte malo, o incluso de morirte quién sabe y toco madera (bueno, creo que es aglomerado de ese, pero digo yo que contará, a ver quién encuentra madera ahora en este mundi ideal de polirresinas, revestimientos sintéticos, contrachapados, fibras y vinílicos...). Bien de verdad, que no me dolía nada, vamos, que nada había presagiar los días regularcillos (¡que no es para tanto!) que iba a pasar.

Como suelo añadir en estos casos, y viene bien para ilustrar, ya alguna vez he hablado de salud en este blog, pocas, pues de "Personal" suele tener poco. Una vez justo aludiendo a lo que he comentado antes de que en un segundo todo puede cambiar, y otra con el dichoso coronavirus que en su momento te dejaba confinado unos días en casa.

Total, que sí, que cuán importante llega a ser la salud cuando no la tienes, y qué poca importancia (por suerte) tiene cuando todo va bien. Y así, estaba yo en la fiesta de mi cole el sábado cuando empecé a notarme algo raro en salva sea la parte, que no sabía exactamente qué era, pero que luego evolucionó durante la noche a no poder sentarme casi en absoluto el domingo, y nada, a buscar cremas reductoras de tamaño y de dolor, de picor, de escozor, un cojín con agujero que había en el trastero y echar mano también de paracetamol e ibuprofeno. Sin duda se trataba de una afección aguda y veremos a ver si no ponía en peligro las vacaciones de la semana siguiente. 

 


En fin, el viaje de vuelta en el coche fue bastante regular a pesar del cojín, siendo las noches peores que las mañanas, y por suerte, con el cambio de crema a una posiblemente mejor, la cosa empezó a remitir levemente (lo cual siempre es motivo de gran subida de la moral, porque aunque te doliera 100 y ahora 99, ves la luz al final del túnel), pero no quise cantar victoria en ningún momento, por lo que seguí ahí con la espada de Damocles sobre nosotros, ya que me esperaban unas 10 horas de coche el fin de semana, que iban a ser un auténtico infierno de no mejorar.

Durante la semana hubo un par de días con clara mejoría (aunque seguía fastidiando), pero el jueves una leve recaída ¡justo cuando ya no se podía cancelar la reserva! 

Finalmente, durante el viaje fue bastante bien a pesar de las largas horas de coche, en general sin molestias, y hoy podría decirse que estoy prácticamente curado y casi no lo noto (aunque la bici la dejaremos para la semana que viene), así que hasta la próxima y ¡a vivir que son dos días!, que luego te pones malo y no sabes si será la última vez...


08 octubre, 2026

Sólo hay un debut en la vida

La semana pasada debía tener lugar el debut de child[0] en entrenamientos oficiales deportivos (no lo fue en competición oficial porque hace un mes compitió en La Vuelta Mini, organizada por Unipublic y Carrefour España), lo que en teoría iba a ser en la conocida modalidad de Multideporte, consistente en un a saber qué revoltillo y mezcla aleatoria de deportes a discreción de los monitores, con el objetivo de desfogar lo más posible a los retoños y que duerman como angélicos que son, y a la vez pues un poquillo de socializar con niños de otros cursos y edades y a la vez pues soltarse también un poco con las habilidades psicomotrices que pueden algún día salvarles un control de alcoholemia siguiendo una línea y tocándose la nariz, quién sabe.

 

Luego resultó que a la empresa encargada de monitorizar las actividades se le ocurrió la feliz idea de no mandar a nadie, por lo que las niñas se quedaron compuestas y sin multideporte, esperando por suerte acompañadas de las madres que habían acudido por si acaso, que si no hubiera sido así se habrían quedado directamente solas... Por supuesto, como a veces pasa: nadie informó de nada, ni un correo, ni un whatsapp ni una llamada, en todo el día. Digamos que tienes tú que ir detrás de ellos a ver si te dan algo que llevarte a la boca, cosa que no pasó hasta el día siguiente a pesar de nuestra insistencia. 

Para empezar, ya la decepción de las niñas ante este incomprensible mundo que no es capaz de ser profesional o simplemente humano, fue mayúscula, pero bueno, simplemente ha de quedarse en anécdota, ya que por fin esta semana, días después, pudieron comenzar en la modalidad de gimnasia rítmica (por probar a ver qué tal), ya que el multideporte parece ser que no tenía cuota suficiente de participantes (y lo fácil que sería haberlo dicho en vez de dejar niñas de 2 a 5 años ahí tiradas) y al coincidir las horas, el cambio es bastante sencillo. Luego, las excusas de la empresa fueron peregrinas: que no nos habían avisado de que empezaba la actividad (mentira, tenemos por mail, whatsapp e iPasen el anuncio), que siempre son como 15 días hasta que todo queda estable (mentira, el día 1 puede estar todo bien organizado), que hay mucha gente apuntada pero que no se han apuntado bien (qué casualidad, la gente es tonta), que la de gimnasia estaba avisada de que no había multideporte (mentira, nos lo dijo bien claro la mujer que no sabía nada), o que el otro día estuvo lloviendo y por eso no hubo (ya la última excusa, en un día que tuvo más de 30 grados y un sol digno de verano), así nos va...
 

Total, que pienso que un buen día hace muchos años también alguien llevó a Nadia Comaneci a gimnasia, a Federer a tenis, a Pedrosa a coger una motillo, a Iyana Martín a baloncesto, a Dani Olmo a fútbol, a Mariano García a atletismo o incluso a Rey Enigma a ajedrez. Todos fueron un primer día unos alumnos asustados que no sabían cómo iba a acabar aquello, si les gustaría, si les harían la vida imposible, si no tenían condiciones, si no valdrían, y tocaron por primera vez una pelota, una moto, una asimétricas, o echaron una carrera, y sí, unos valen y otros no, es ley de vida. Incluso a algunos de ellos es posible que la empresa que llevaba sus actividades los dejara tirados y decepcionados y tuvieran que cambiar de deporte (acertando sorprendentemente en el que al final fue precursor de su éxito, quién sabe).

 

En cualquier caso, que se lo pasen bien y lo disfruten, siempre pueden cambiar de actividad, de deporte, de lo que sea, pues nunca es tarde, pero lo que sí que no hay nunca más es un primer día, que anteayer fue para child[0] (¡y lo bien que se lo pasó!), y muchos años atrás fue para mí, y mañana quién sabe si para child[0].child[0] o child[0].child[1], que eso ya lo dejaremos para el futuro distópico que nos espera en el que sólo los hologramas y los robots hacen deporte, ¡para qué íbamos a inventarlos si no!

 

Por cierto: Esa chorrada de "child[0]" es simplemente un juego de palabras informático para referirse al hijo o hija de alguien, usando la notación típica para expresar el orden de los elementos de un array o conjunto, donde por poner un ejemplo, el segundo hijo sería child[1]

 

05 octubre, 2026

Califica lo analógico que fuiste, meme

El otro día me llegaba esto que podríamos llamar "meme" en el que se citaban 18 servicios o productos o chismes que existían en el año 2000, podríamos decir (antes de 1995 o así es muy raro que alguien usara el 12, aunque para ese año ya algunos habían quedado obsoletos como 1, 7 y 18, y muchos otros estaban cerca de empezar a quedarlo también.

El título de "califica lo analógico que fuiste" me parece por un lado genial, ya que da esa idea de persona que llegó a conocer tecnología supuestamente "punta" de su época que ahora está totalmente obsoleta, y a la vez es totalmente inexacto, ya que alguna de ellas era digital, como los CDs, disquetes o internet. Ilustrativo y muy fácil de entender en cualquier caso. 

 

Lo normal es que si eres millenial hayas usado todas o casi todas, si eres generación "X" ya totalmente, e incluso viendo inventarse alguna. Si eres 'boomer' es probable que incluso alguna de las modernas no la hayas usado, y si eres "centeniall" o "Z", claramente algunas te sonarán a paleolítico y no habrás usado ni diez, ni en casa de tus bisabuelos. Y la verdad es que muchas de estas tecnologías o cacharritos no llegaron a existir ni dos décadas, tiene gracia. Como curiosidad, cuando acabó la primera década del siglo XXI, que fue en la que muchos de ellos quedaron para siempre en desuso, hablé de muchos de estos objetos que dejamos de utilizar.

Voy a darle un repaso a las mías, cuándo las use por primera y por última vez, si sigo teniendo, si sigo pudiendo usarlas y qué recuerdos me traen:

1- Teléfono de disco: No recuerdo que lo hubiera en mi casa, pero sí en la de uno de mis tíos, así que la usé por primera vez de pequeño jugando con mis primas y seguramente como última antes de 1995. Es posible que lo haya tocado después jugando en algún museo, pero sí, digamos que ya en los 80 estaban casi del todo obsoletos.

2- Disquete: Usé los primeros aproximadamente en 1990 con nuestro primer IBM 2.86 que utilizaba mi hermano para la carrera, y bueno, disponible sigue en el trastero para su uso. Tuve ordenador con disquetera hasta 2012 más o menos, y a partir de ahí más allá de tocar algunos viejos en el trabajo que aparecían en estantes llenos de polvo, sólo los usé encendiendo alguna vez uno de estos PC's de casa, quizá la última vez hace 2 ó 3 años. Aún en el armario empotrado hay una riñonera de mi madre con muchos disquetes de cuando hizo su primer curso de informática en la década de los 2000.

3- Máquina de escribir: En casa había, y en la tienda vendíamos, así que siempre las tuve cerca. Luego aprendí a teclear con una vieja y pesada de estas máquinas que tenía que llevar por todo el pueblo hasta el colegio cada vez que había clase con el reiterativo método de Johns (ojo, llegando a 400 pulsaciones por minuto, que estaba bien). Finalmente, la llegada de las impresoras las mató y fue al trastero antes del 2000, donde continúa sin visos de volver a ser lo que era. No he usado ninguna desde entonces.

 4- Tomé fotos con cámara de rollo (carrete): En casa siempre hubo cámara de fotos y en la tienda vendíamos y revelábamos los carretes. Nunca tuve una cámara 100% mía, la primera fue ya digital, pero sí que hasta 2000 más o menos las usé y sería por entonces cuando revelé las últimas. Poco después la gigante Kodak quebró y los móviles hicieron el resto.

5- Escuché música en un CD: la primera vez sería en casa en los 90, y ya en 1997 más o menos con los primeros discos "piratas" grabados y luego en 2000 con los mp3. Hoy en día es una tecnología que sigo usando en el coche, ya que mi vehículo es de 2010. En casa, al no funcionarme bien el reproductor, no los uso, aunque tendría muchos CD para escuchar si pudiera.

6- Escuché música en un cassette: cuestión de formatos, en casa había cuando nací y siguió habiendo, y seguí escuchando hasta 2010 o así cuando se empezó a romper el cassette del equipo de música. Luego ya quedó una amplia colección sin prácticamente usar e intentos de recuperar minicadenas antiguas donde reproducirlos. Aún puedo y una vez al año lo hago, aunque se escuchan como a menos velocidad de la normal. Recordemos en este punto aquella vieja cinta de cassette con joyas grabadas.

7- Escuché un disco de vinilo: para mí, tecnología contemporánea a la cinta de cassette que fue sustituida por los CD. En casa sigue habiendo tocadiscos y se puede escuchar de vez en cuando uno, no obstante. Y como sabemos, al final acabaron siendo de todos los formatos, los más vendidos.

8- Escuché música en un walkman: me lo regalarían en 1993 más o menos, uno muy chulo azulillo de Sony, y lo usé bastante hasta 2002 o así, con la llegada de los mp3 que lo dejaron completamente obsoleto y guardado en un armario empotrado con una carta a Arturo Pérez Reverte que nunca envíe, desde entonces...

9- Envié o recibí un fax: en la tienda había, al menos en 1990 por decir algo, y alguna vez recibí y mandé a ciertos lugares, pues ciertas gestiones (habitualmente con organismos públicos) implicaban mandar un fax. Es probable que hoy lo sigan teniendo, pero yo hace más de 10 años que no uso uno.

10- Grabé música de radio en cassette: ya comentamos lo de las cassettes, y sí, en los 90 grabé bastante música de radio en cassettes, y probablemente la última vez fuera en el 2000.

11- Renté (alquilé) una película: creo que nunca he alquilado una película por mí mismo, ni en la realidad ni en las plataformas digitales, aunque sí lo he hecho un par de veces en grupo (una en Porcuna con mi primo en el viejo Tauro's y otra en Granada en un establecimiento de plaza Gracia). El hecho se debe a que teníamos un videoclub, así que siempre eran gratis para mí, y así lo fueron desde 1982 a 2008, cuando desapareció para siempre.

12- Me conecté a internet por marcación telefónica: la primera vez debió ser en 1995 cuando mi hermano se subió un Infovía (ya hablé de mi experiencia por internet aquí), y durante unos años en casa y en la de otros me conecté a esos módem de 56k hasta que llegó el despampanante ADSL que acabó con todo ello en un pispas, y con ese sonido de "hacer pestiños" que le decíamos.

13- Usé una guía telefónica: claro, en todas las casas de los 80 y los 90 las había, eran verdes, luego blancas, e incluso las páginas amarillas que duraron algo más. Con la aparición de los móviles a finales de los 90 empezaron poco a poco a quedarse en el cajón hasta técnicamente desaparecer la pasada década. Vamos, es que ni para retos de partir por la mitad un forzudo han quedado. Y sí, es increíble pensar que hubo un tiempo en el que se podía buscar el teléfono y la dirección de cualquier persona teniendo uno de estos libros.

14- Envié una postal: pues sí, postales siempre hubo en casa, las recibidas por mi madre en sus viajes por Europa, y por supuesto otras que iban, venían y aparecían en navidades y similares, o de amigos de campamentos y demás. Yo mandaría la última seguramente en 2000, o quizá en 2006, y recibirla pues igual. Algún año más le duraron a mi madre mandándolas o recibiéndolas a sus primos o sobrinos en Navidad, y ya está, hace más de 10 años que no sé nada de ellas, más allá de revisar las recibidas o las que aún están en blanco esperando ser mandadas, quizá para "nunca", ¡y lo chulas que eran!

15- Usé un mapa de papel para llegar a un lugar: siempre los hubo, la guía Michelín y demás, la de carreteras de Campsa, quién sabe, pero cuando ya conduje para ir a ciertos viajes sí me llegué a imprimir mapillas sacados de Google, no sé, hasta 2014 más o menos cuando ya tuve mi primer smartphone con cuyo GPS quedaron estos mapas obsoletos.

16- Tuve un diccionario: y qué escolar español nacido antes de 1990 no. Total, que los tuve y los tengo, y también los famosos "Inglés-Español-Español-Inglés" o Francés o Portugués, que en los 2000 seguían siendo útiles y luego ya con la llegada del traductor del móvil acabaron en estanterías a las que no hemos vuelto a acceder.

17- Tuve una enciclopedia: las había en casa, dos grandes, la Durvan y la gran enciclopedia del mundo, y ahí siguen, y más allá de algún hojeo puntual, hace muchos años que no las he necesitado para buscar, desde que la Wikipedia las mató del todo. Incluso alguna vez suelta usé la Encarta digital, que tuvo enorme éxito durante un lustro y acabó también fulminada por internet. Para buscar en ellas hacía falta saberse el abecedario, una proeza sin utilidad hoy en día.

18- Vi televisión en una TV de tubo: sí sí, la tuve hasta 2016 aproximadamente en casa, porque si tienes tele y te dura perfectamente aunque el mundo gire alrededor y se modernice, tú sigues siendo una especie de reducto irreductible del pasado. Al final cascó y pasamos a las nuevas teles planas de LED, qué le vamos a hacer, con la cantidad de sitio que tenían en su parte superior para colocarles figuritas...


Y ya está, 18 de 18 en mi caso que como millenial es lo que se puede esperar, y 0 de 0 habitualmente en la actualidad, que salvo "boomers" y similar, es también lo normal. Quién sabe lo que nos deparará el futuro, y qué pocas cosillas de las que ahora usamos seguirán utilizándose dentro de 30 años, y un servidor que os lo contará, si es que existen los blogs y por supuesto nosotros.

01 octubre, 2026

Tarde de día del espectador en el Kinepo

Pues como este mes esta es una bitácora personal, os contaré la tarde de ayer, qué mejor que eso para el debut como entrada ejemplificadora. Vamos allá:

Ayer fue una tarde de hipermercados saturados y alienados, toda la ciudad y su área metropolitana allí, de compras, de miércoles de cine de día del espectador y ofertas 2x1 en las cadenas de comida rápida. Gente por todos lados, niños corriendo, colas, atascos, aparcamiento en el quinto pino y gasolina y diesel a 2 euros para rematar la faena echando casi 70 euros para llenar poco más de medio depósito. A eso le unes las esperas interminables en las cajas, los nervios y la prisa, la tardanza para poder pedir la comanda y la infinita paciencia aguardando la llegada de la comida que ni siquiera es buena, y sí barata, en un tiempo en el que ahorrar unos céntimos parece oro, mientras gastamos cantidades ingentes en otras cosas absurdas. 

Entretanto los Javis triunfando como hace décadas que no vemos una película española ni extranjera llenando las salas día tras día, insultando y ridiculizando casi a todas las demás que conviven con ella en la cartelera, no hay billetes mientras en las demás apenas hay 4 ó 5 butacas ocupadas. "La bola negra", ese fenómeno de pensamiento único al que no te puedes oponer sin ser mala persona: LGTBI, guerra civil del lado republicano, Lorca... una bomba de relojería imparable que si acaba en Óscar pasará automáticamente al olimpo de las 10 mejores películas españolas de la historia, que se dice pronto.



Y nada, terminando con el miércoles te coges el coche lleno de bolsas y te vuelves a casa a ver si por fin descansas, después de una noche eterna de dos cafés de prueba que había que probar, llamadas de teléfono a compañías que por fin cumplen su supuesta buena atención al cliente, y recibiendo también de otras los esperados whatsapp o emails de confirmación, si es que no es tan complicado, y para terminar el día, el capítulo final de Muertos S.L. la serie cómica española de Netflix del momento, consumo rápido para la media hora antes de acostarse, qué mejor. Y mientras tanto esperando la llegada del fin de semana para visitar la vieja Obulco esta semana, y del próximo para visitar la continuación de Andalucía en Portugal, y así sucesivamente para no adormecernos del todo mientras esperamos la Navidad, esa que adorna ya, incluso en septiembre las tiendas, escaparates y plazas con sus adornos mientras el veranillo da sus últimos coletazos...