30 noviembre, 2020

Mis mejores entradas (y 44)

--Post preferido del 1076 al 1100 (09-Nov-19 a 05-Mar-20)--

España vaciada, herida de muerte

 -Este post iba sobre... la tan cacareada España vaciada, utilizada y reutilizada por los políticos como arma arrojadiza cada 4 años olvidada. Mientras tanto, una forma de vida desaparece y con ella tantos lugares donde tanta gente anónima hizo lo que ahora es España.

-La motivación para escribirlo fue... que se nos escapa entre las manos, que en pocos años mucho de lo que fuimos desaparecerá cuando los que aún tienen memoria la dejen de tener o desaparezcan también, y sólo queden ruinas, una España en ruinas mirando hacia un futuro incierto.

-Me he decidido por él, porque... era un alegato en favor de todo ello, un grito desesperado e inútil. Y es curioso porque en la misma época ya hable de nuestros castillos, muchos de ellos derruidos en un pequeño monte junto a los mismos pueblos vacíos y en ruinas, todo está conectado...

25 noviembre, 2020

Diego Armando, AD10S Maradona

Desde que tengo uso de razón es bien conocido por todos que en el fútbol mundial ha habido 4 grandes nombres: Di Stéfano en los 50, Pelé en los 60, Cruyff en los 70 y Maradona en los 80.  Pues bien, en 6 años se han ido ya 3 de ellos, es ley de vida, más para unos que para otros, más probable, más lógico, incluso más merecido por sus actos, pero siempre cada despedida resulta el adiós a un icono, a un mito, a una de las personas más famosas a nivel nacional y mundial, e impacta.

Maradona fue sin duda el más polémico de todos, el más querido y odiado a partes iguales, el más idolatrado y vilipendiado, el más alabado y a la vez criticado, ya sea por todo lo que fue su carrera futbolística, donde llevó a Argentina a lo más grande y de la nada a la élite europea al Nápoles; ya sea por lo extradeportivo, donde fue protagonizando uno a uno numerosos escándalos, principalmente encabezados por su adicción a las drogas.

Como ya he comentado aquí alguna vez, nací cuando Maradona estaba en el Barcelona, me puse su peluca con sólo unos meses y siempre lo sentí bastante cercano a mí, como uno de esos personajes a los que en cierta manera tienes un cariño especial o idolatras, incluso sin haberlo visto nunca. La verdad es que el pobre no ganó muchos títulos importantes en esos dos años en España (aunque fueron 3), y para colmo fue machacado vilmente por los defensas, que hoy en día no habrían durado nada sin ser expulsados. Desde muy joven fue una estrella juvenil, como muchos hoy en día, y casi participa en el Mundial'78 con 17 años (después llegó a jugar 21 partidos en otros 4 Mundiales seguidos).

Recuerdo ver entradas criminales en partidos de su selección, que habrían partido piernas a otros y liado tanganas, y Diego simplemente se levantaba y seguía jugando, todo un ejemplo. Y como culmen de su carrera, aquel partido del siglo en cuartos del Mundial'86 contra Inglaterra, en el que toda Argentina vibró por vengar la afrenta de las Malvinas, y Diego con su "mano de Dios" y con su "gol regateando a todos" les llevó a la gloria.

Después del Barcelona, recaló en el pequeño Nápoles, donde se hizo el rey de Italia y de Europa durante 7 triunfantes años (fue el club de su vida, salvando los argentinos), y luego ya empezó poco a poco su declive, aún sin cumplir los 30, quizá acelerado cuando perdió la final del Mundial 1990 que también debió ganar. 

La primera vez que le vi jugar en directo en un club fue en el Sevilla, en lo que hoy se llamaría "fichaje random", por inesperado, y donde maravilló a todos con aquellos juegos con las bolas de papel, sus lanzamientos de falta a la cruceta y algunos pases excepcionales, todo con un sobrepeso evidente y una forma que no llegaba al 50% de lo que fue, ¡pero qué 50%!

Luego ya volvió a Argentina y no regresó a jugar en Europa. Vimos sus últimos coletazos en el Mundial 1994, del que fue expulsado por dopaje (que más que doparse buscando mejora deportiva era una simple enfermedad: la drogadicción), y simplemente se dejó ir del todo hasta retirarse con bastante pena y mucha gloria casi olvidada, cumpliendo 37 años en su Boca Juniors. 

Por entonces, Maradona ya era un señor gordo que no aparentaba haber sido, para muchos, el mejor jugador de la historia, con un declive perfecto para ejemplificar lo que las drogas pueden hacer a cualquiera, incluso a un elegido deportista. Los años fueron pasando, de escándalo en escándalo, declaraciones drogado o borracho, demandas judiciales, fiscales, y entre medias algunos sustos enormes que hicieron temer por su vida, sí, junto a todo lo deportivo, siempre irá todo lo demás.

 ¿Y en Argentina? Pues allí es D10S (la iglesia Maradoniana hoy le llorará), el mejor jugador de su historia, el que les llevó a lo máximo y el que jamás les iba a fallar, una auténtica megaestrella y mito de lo argentino, que jamás se olvidará por esas tierras.

Mientras escribo estas líneas acaba de conocerse la noticia, y en breves minutos todo será un maremoto de gente comentándolo, de telediarios, periódicos, redes sociales que hablarán de él, que contarán lo que fue, deportivamente todo, y como ejemplo extradeportivo, el peor, pero como él decía hace poco: "me equivoqué y pagué, pero la pelota que nadie la manche". Para muchos, siempre será el mejor jugador de la historia, "un hombre pegado a un balón", un icono del siglo XX, y para todos, sin duda, uno de los 5 más grandes.

Y como así es la vida, simplemente nos queda despedirnos en medio del shock, de un personaje que estuvo desde siempre ahí para mí, como tantos otros que algún día nos dejarán: Gracias por todo lo bueno que representaste, y por el ejemplo de lo que no hay que hacer, ¡hasta siempre Pelusa Maradona!

20 noviembre, 2020

Mintiendo el gobierno, sobre IVAS y venidas

Hoy seré breve como casi nunca, pero es que es algo que ha de quedar reflejado en esta botella, por reflejarlo en algún sitio. Es la consecuencia de un gobierno mentiroso como tantos, que nos trata como a tontos. 

 Lo desarrollo rápido y por puntos breves y cronológicamente:

1- Estamos en una pandemia desde marzo, y como todos sabéis, ponerse la mascarilla es una de las medidas más importantes de prevención

2- Las mascarillas por tanto, desde marzo se convierten en bien de primera necesidad, viniendo a costar un máximo de 96 céntimos las más habituales, debido a una ley exprés del gobierno.

3- Los consumidores reclaman al gobierno que baje o elimine el IVA de las mascarillas, que es del 21% 

4- El gobierno dice que no puede ser porque hay una directiva europea que multa a los países que bajen el IVA de las mascarillas.

5- Europa envía en abril a todos los países una comunicación en la que indica que no va a multar a los que eliminen o reduzcan el IVA de las mascarillas durante la pandemia. La mayoría de países lo eliminan o lo reducen al 4-5%, mientras que España lo mantiene.

 

Imagen: Diario El Mundo

6- La pandemia se redujo durante el verano pero volvió con fuerza en otoño, apretando mucho nuestras maltrechas economías domésticas. Los consumidores y la oposición siguen pidiendo al gobierno que baje el IVA de las mascarillas.

7- El gobierno insiste en que Europa no le deja bajar el IVA (pese a que desde abril Europa ya comunicó que sí dejaba), con el que lleva recaudados unos 1500 millones de euros en impuestos.

8- Ante la presión, el gobierno vuelve a preguntar a Europa si puede bajarlo y Europa contesta que sí, que ya se podía hace meses.

9-El gobierno anuncia a bombo y platillo y con golpes en el pecho de la ministra Montero, que como ahora Europa sí le ha comunicado que puede, van a bajar al 4% el IVA de las mascarillas, que ellos son muy grandes y piensan en los ciudadanos.

10- Los españoles nos preguntamos si somos imbéciles o algo... Porque el gobierno se ha inventado que no podían bajar el IVA cuando sí que podían desde abril. Votadles, votadles tranquilos, que el tortazo que nos estamos metiendo es menudo, pero aún peor si votáis a la derecha, en fin, lo de siempre...

 

Otro día a lo mejor hablamos del pacto con Bildu (lo que fue Herri Batasuna) y con Esquerra Republicana (antimonárquicos y en cierta manera antisistema en lo que se refiere a acabar con la España que conocemos), todo con la connivencia de Podemos, también ciertamente antisistema, una divertida alineación de planetas para contribuir más a la destrucción que nos espera.


Actualización 14-01-2021: Que el gobierno es mentiroso ya lo sabemos, pero estos días se está superando. Lo cuento rápido: el precio de la luz ha subido por las nubes con el mal tiempo de enero, y muchos han pedido al gobierno que baje provisionalmente el IVA de la luz, que es del 21%. El gobierno insiste como hizo con lo de las mascarillas en que la Unión Europea no deja bajar el IVA de la luz. Sin embargo Italia lo tiene al 10% y otros países como Portugal o Francia también tienen tipos reducidos en determinados conceptos de la factura. ¡Nos vuelven a mentir!

Claramente sí, y si hubiera alguna medida para echar al gobierno de una vez, "Impeachment" o lo que sea, este es el momento, es descarado, e incluso sería una buena oportunidad para que Podemos (que está siendo cómplice claro) se revolviera en contra del mentiroso PSOE. Claramente están haciendo en un par de años bueno a Zapatero, y eso da mucho miedo...

14 noviembre, 2020

Hasta la próxima, querida hometown

Sí, he metido un palabro en "castellano antiguo", como llamaba al idioma anglosajón un antiguo profesor. No os preocupéis, poseedores del A1 o inferior (que no quiere decir que yo tenga mucho más, pero vamos, que sí), pondré por aquí la traducción para que la podáis entender.

Hometown: "the city or town where one was born or grew up" (pronúnciese "jomchaun"), donde city y town son ciudad, where es donde, was born es nació y grew up es creció, y ahora que todos hablamos el mismo idioma, adelante con el post.

Pues eso, que igual que el pasado 1 de marzo abandonamos la vieja Obulco sin saber que no podríamos volver hasta más de 3 meses después (el 14 se declaró el estado de alarma que nos imposibilitaba ir a segundas residencias, y aunque al principio tras no pasar Granada de fase, parecía que no podríamos volver hasta el 3 de julio, el 8 de junio salimos pitando cuando de repente se adelantó todo, pasamos de fase y se nos autorizó a volver), esta semana dejamos de nuevo la vieja Obulco para no se sabe cuánto tiempo.

El tema es que estamos de nuevo en confinamiento cuarentenil pero por suerte aún no domiciliario, sino perimetral, lo que significa que no puedes salir de tu municipio, pero al menos sí puedes irte un rato a la calle, que se agradece. Eso implica que desde el momento en el que ayer salimos del municipio de segunda residencia, mi "hometown", ya no podemos regresar a saber hasta cuándo, en el momento en que deje de existir este confinamiento perimetral que ya lleva 2 semanas y amenaza con no terminar hasta pasado ya 2020.

Aquella vez no había ese sentimiento que ahora hay, el de dejar algo para mucho tiempo, algo a donde no sabes si podrás regresar, o si incluso al volver tu casa ya habrá dejado de serlo, como le pasó a tantas personas que sufrieron la guerra, la emigración o el ostracismo. Un buen día te vas para siempre, para no volver, o para mucho tiempo, dejando tantas cosas atrás, como mi Isidoro, mis Mortadelos o un bote casi entero de Nesquik, dejando atrás mi canasta y pianillo, mis sábanas de pelo y la secadora, que con tantos apuros seca, dejando atrás por supuesto la cruz, el torreón e incluso a todos mis muertos de los últimos ciento y pico años, que no podrán disfrutar ya del aceite verde del año pasado y algunos mantecados de limón recién comprados, que esperarán a una mejor ocasión.

 

Y así, pienso en qué me encontraré al volver, y sobre todo en cuándo, y en qué circunstancias nos encontraremos, que a veces son tan tremendas como las de un marinero que se fue lejísimos y al volver descubrió que era padre, pero que su casa ya no existía siquiera, que su padre había muerto y que tantos y tantos habían emigrado para siempre. Un futuro distópico pero real, impensable entonces pero que se había hecho realidad en tantos y tantos casos.

Y así, pienso un poco de aquella manera como cuando dije que pulsaría un botón para quedarme ahí, porque madrecita que me quede como estoy, que todo puede ir a peor, no lo sé, esperemos que el día que vuelva, querida "hometown", todo esté igual o mejor, que es imposible, pero así de tontos somos, esperando que las cosas sean como las queremos, y no como realmente son, fueron y serán, siempre mágicamente diferente a lo querido.

Me despido así, como digo, echando un vistazo atrás a tu silueta recortada en lo alto del cerro, cambiante durante milenios, pero reconocible desde hace cientos de años. Me voy para otras tierras, para una nueva "hometown" compartida desde hace tiempo, a ver qué nuevas aventuras me esperan allí, y quizá pronto, cuando volvamos a vernos, lo celebremos con lo que toque entonces, ya sean los mantecados, el roscón, los toricos de azúcar, los pestiños o un buen helado de tuttifrutti, quién sabe...

Hasta la próxima, querida hometown.

09 noviembre, 2020

Esa vez que nadie te vio y la tierra no te tragó

 La suerte a veces nos sonríe de manera caprichosa, el destino nos ayuda, una mano que mece la cuna nos protege del escarnio público, de la mofa y la befa (esto último palabrería típica de Ibáñez en su Mortadelo). ¿Momentos así en la vida? Muchos, y muchos de ellos, por suerte situaciones en las que nadie nos vio y por tanto no tuvimos que pedir a la tierra que nos tragara bien hondo.

Recordando recuerdo, y recordarás y recordaremos, tantos momentos maravillosos como estos:

-Aquella vez en la que diez minutos después de salir a la calle te diste cuenta de que llevabas al revés la camiseta

-El trompazo que te metiste con una farola por aquella calle vacía, suerte que te recompusiste perfectamente

-El movimiento torpe con el que tiraste el vaso de leche y te pusiste perdida y te tuviste que cambiar, por eso aquella vez llegaste un poco tarde

-El golpe que le diste con el coche a la señal que se cayó y nadie la oyó.

-El email a la persona equivocada, que luego dio la casualidad de que por un fallo del servidor no llegó

-Cuando jugando a un programa de la tele desde tu casa diste una respuesta errónea en voz alta a una pregunta de parvulitos.

-Esa vez en que después de hablar con tu jefe por skype soltaste un "qué coñazo de tío", y no habías colgado la llamada. Suerte que él sí la había dado por terminada.

-Aquella vez que echaste una pelota hacia arriba para luego recogerla y se te cayó, dio en un bordillo y tuviste que ir calle cuesta abajo por ella

-Esa vez que tuviste un pequeño accidente al ir al baño y todo se puso perdido...

 


-Esa vez que se te fue la olla y fuiste a comprar lentejas a la papelería, menos mal que no te entendió bien de primeras el tendero y te fuiste disimulando

-Aquella vez que te diste en la cara sin querer, destrozando todo el maquillaje al estilo Ecce-homo y al pasar por una tienda lo viste y pudiste recomponerlo a tiempo

-Ese día que te cayó todo un canalón de agua encima, y además olía a perros muertos... justo llegando a casa

-Esa vez que fuiste demasiado exagerada en aquel momento de pasión, con aquellos gritos desgarradores. Cuando todo quedó callado recordaste que los vecinos estaban de vacaciones

-Esa graciosa situación en que tu niño dijo la verdad sobre la pesada de tu tía, pero en ese momento pasó una ambulancia y tu tía no se enteró (a veces la tierra no te traga de pura chiripa como puedes ver).

-Esas veces en que al llegar a casa y verte en el espejo notas que tenías monos en la cara, ya sea un grano, ya fuera algo verde en los dientes, a saber... y como nadie te ha visto, eso que te ahorras...


Y tantas y tantas cosillas y situaciones que salvamos milagrosamente. ¿Habría pasado algo? ¿Habría acabado con nuestra vida el qué dirán? Pues no, ninguna de ellas seguramente, sólo pelillos a la mar y reírse que es reflexivo, pero el mal rato no nos lo habría quitado nadie, y en eso consiste a veces todo esto, en reírnos de nosotros mismos cuando nadie ha tenido oportunidad de hacerlo, que no se diga, que nos quiten lo bailado, que nos quiten lo reído...

04 noviembre, 2020

Lloviendo en la vieja Obulco, buen tiempo

Hoy está lloviendo en la vieja Obulco, sensaciones completamente olvidadas ya. Olor a humedad, gotitas sonando en las plantas, ríos encharcados por las calles, sonido de ruedas evacuando como locas al pasar por ellos. Paraguas vueltos a la vida, algunos para dar un último servicio ya inesperado, otros por fin estrenados tras tanto tiempo.

Pienso que debo por fin cambiar las escobillas del coche, que las tengo preparadas hace años, pero no llueve. Pienso que tengo que renovar los zapatos, que tienen un agujerillo por el que entraría agua, pero no llueve. Pienso que tengo que arreglar el rincón de la habitación, que crea humedad, pero no llueve. Pienso que tengo que arreglar el tejadillo, pero no hace falta, nada de eso es necesario, porque nunca llueve.

Y la aceituna se encoge de hombros, se arruga ante la adversidad, el olivo desprende miedo ante la llegada de una cosecha que no podrá ofrecer. Toda una tierra olivarera asustada ante el abismo de una cosecha de campeonato regional, porque no llueve. Pantanos que tampoco pueden dar de sí, pozos casi con hilillos finos de lo que fueron vastos veneros, caños que apenas expulsan unas gotas y que antaño eran chorros gordos.

 Y al menos pienso que el del tiempo se ha equivocado, y que está lloviendo algo más de lo esperado, y la esperanza espera con esperanza, redundante a sí misma, y si la esperanza se tiene a sí misma es que aún queda, y aún podemos soñar con que todo esto no haya sido más que un sueño. Más que nada tenemos ya con estar medio confinados, con ver que un simple virus nos está maltratando, pero que sólo sea eso, la salud, que es lo más importante, y si ya nos toca el trabajo, el dinero o el amor de los horóscopos, apagamos y nos vamos.

Y mientras escribo así sigue cayendo mansamente y sin hacer daño, sin viento y sin torrencialidades absurdas provocadas seguramente o no por nuestro afán destructivo que algún día nos obligará a abandonar este joven planeta azul que envejece a pasos agigantados por nuestra falta de mantenimiento.

Esta tarde habrá barro, hojas caídas, como ya no recordamos, habrá agua corriendo por las cunetas, bajando por las canales, llenadas albercas y piscinas. Los niños con sus botas de agua volverán a jugar al pincho, habrá resbalones y salpicaduras, canalones graciosos que mojarán calvas, incluso olerán a huevo podrido algunas instalaciones de fontanería. Todo sea por vivir esta lluvia de vida que hoy nos riega por fortuna tras tantas borrascas eludidas, tras tantas borrascas que vienen cargaditas de agua y que descargan completamente en el Norte cuando vienen de arriba a abajo, o que descargan completamente en Huelva, Cádiz o Málaga cuando vienen por abajo, llegando aquí un cabreante chispeo.

Arroz con leche y migas, sopitas calentitas, primeros mantecados incluso, o dulces del día de Todos los Santos. Preparaciones que huelen a otoño, castañas, granadas, aceitunas de cornezuelo recién machacadas que van cogiendo ya el aliño, primeras mandarinas incluso. Todo al servicio de un día, de una tarde, de una noche que despiertan los sentidos tras tanto atontamiento, la alegría de una nueva estación que tardaba en llegar. Apetece, que no es poco, porque cuando algo es tan esperado es glorioso. 

Y así, con lo que claramente yo diría que es buen tiempo, con cielo encapotado y gris, con un en teoría entristecido y lluvioso día, me despido con esa ilusión de ver que la normalidad al menos meteorológica, llega, acaba llegando, como todo. Esta tarde esperamos que continúe, lloviendo en la vieja Obulco, buen tiempo...

29 octubre, 2020

Residencias privadas, esos antros

 Durante la pandemia de 2020 se puso enormemente el foco sobre las residencias de ancianos en España, donde miles de mayores murieron como moscas debido sobre todo a las deplorables condiciones existentes ahí. Estos meses se han puesto de moda algunos vídeos grabados dentro de esas instituciones, por limpiadoras u otras trabajadoras eventuales que no se arriesgaban a ser despedidas, donde se veían situaciones surrealistas, macabras, inhumanas. 

Una de las cadenas de picar carne anciana más presentes en España es la infausta DomusVi, enorme 'holding' empresarial que gana miles de millones y recibe un 80% de dinero público, pagando por todo ello la exorbitada cantidad del 0% de impuestos en España (ya sabemos, tiene un entramado de empresas que se van prestando unas a otras dinero y que en conclusión hace que la encargada de pagar que sería la matriz, acabe por tener pérdidas, así que pobrecita, que no pague nada, que no tienen... todo ello adornado con paraísos fiscales, departamentos de comunicación que no contestan y premios a sus directivos, entregados por nuestros políticos amantes del abrazo y la foto fáciles). ¿Y quién va ahora a meterse con ellos, a criticarlos o incluso a denunciarlos? Pues eso, calladitos estamos todos más guapos.

 

Hoy me servirá como un ejemplo más de tantas residencias en España, y simplemente os voy a contar algunas experiencias de gente conocida en esta cadena, a la que tarde o temprano alguien debería meter mano: 

-Ancianos que entran con 80 kilos y salud de hierro, y que a los 5 meses pesan 45 kilos y parecen más unos cadáveres que seres humanos

-Familias que visitan diariamente la residencia "para vigilar que las auxiliares hagan su trabajo", más concretamente en este caso era para que dieran a su familiar la alimentación correcta, evitando sus intolerancias, cosa que no hacían cuando no se les vigilaba.

-Ancianos que de repente entran en la residencia y pierden toda noción del tiempo y el espacio, pierden casi toda su movilidad en pocos días, simplemente porque en la residencia les dan tranquilizantes para dormir a un caballo. En palabras de una cuidadora: "vamos, llevaos a este hombre rápido, que se ha tomado las pastillas y en un cuarto de hora no va a poder levantar ni las pestañas".

-Supuestas actuaciones en días de fiesta en las que se baja al patio o al vestíbulo a todos los ancianos y se les sienta en sillas para que el 90% permanezcan arrebujados durmiendo o prácticamente con el conocimiento perdido por tanta medicación. Los familiares ya no verán eso la mayoría, pero luego los carteles de la actividad sí están ahí en mitad, en grande.

-Ancianos tirados en el suelo a los que nadie recoge en horas, supongo que al ser mayores ya no sufrirán al verse así...

-Responsables o encargadas que mienten deliberadamente sobre las actividades a las que acuden los ancianos, actividades necesarias para ellos y su mantenimiento y calidad de vida, pero que luego o no existen o no se preocupan de llevarlos a las mismas.

 -Ancianos que permanecen hacinados todo el día tirados en un sillón sin que nadie les haga caso, con la ropa intercambiada con el vecino, la tele o cualquier entretenimiento apagados, cerrados o anulados.

-Noches en las que sólo hay 2 auxiliares para 120 ancianos en la residencia. Días en los que con los pocos auxiliares que hay por planta es insuficiente y los ancianos sufren pequeños accidentes, caídas o incluso mueren por descuido de sus cuidadores.

-Ancianos con problemas de movilidad a los que se les tiene sin televisión o radio porque "están rotas", y por casualidad que siguen rotas al pasar los meses...

-Supuestos médicos que se encargan de las recetas en la residencia y la medicación, que añaden curiosamente cócteles de Diazepam o Lexatin a lo que deberían estar tomando los ancianos, para que no les molesten demasiado.

-Fisioterapeutas que emplean el 10% del tiempo que habían prometido en recuperar a los que necesitan rehabilitación. Psicólogas que plantean unos impresionantes horarios semanales de trabajo con los ancianos con deterioro cognitivo, que al final se concretan en 15 minutillos en total a la semana, en los que evidentemente se hace poco, nada y menos.

-Entretanto, auxiliares agotadas, niñas recién terminado el grado que no dan abasto, jefecillas sin experiencia alguna presionadas por las directoras, que sólo buscan el dinero fácil, cuanto antes y ante quien sea, cueste lo que cueste y caiga quien caiga o muera quien muera.


Y porque uno no quiere hacer daño ya, pero la lista de tropelías en esta cadena DomusVi es interminable, y ya digo que la culpa al final es de los de siempre, de los que no denuncian, de los que no legislan, de los que no sentencian, todos cómplices del engaño y de la trama que está enriqueciendo a unos pocos, mientras mata a miles y miles de mayores españoles cada año por su dejación, por su inhumana inacción, y mala suerte la llegada de la pandemia, que ha dado al traste con el castillo de naipes, no pasa nada, se recuperarán, acallarán a los críticos y volverán con más fuerza, porque la mala calaña y la maldad en general siempre brotan de nuevo...

Descansen en Paz todos los damnificados por las residencias de ancianos privadas, y ojalá cada vez sean menos.

25 octubre, 2020

Mis mejores entradas (y 43)

Tras el parón de más de un año sin continuar esta serie (provocado para no interferir en la nueva serie de "mis peores entradas" que de momento he pausado en la 1000), continuamos por donde lo dejamos...

--Post preferido del 1051 al 1075 (05-Jul-19 a 03-Nov-19 )--

El observador externo de nuestro multiverso


 -Este post iba sobre... la existencia misma, ya no la vida, la nuestra, sino la existencia de todo en sí mismo, el Universo, el multiverso e incluso el universo de multiversos incluido en infinitos minimultiversos que vagan por la Nada, que no sería más que EL UNIVERSO. Y si nosotros no somos más que unos bichos insignificantes, justo lo contrario a lo que creemos.

-La motivación para escribirlo fue... seguramente haber visto el día de antes Men In Black, o quizá simplemente haber sido consciente de mi propia existencia en un momento dado, a saber. No reivindicaba nada, sólo el disfrute de pensar, de disfrutar divagando, pues no hay mayor placer..

-Me he decidido por él, porque... es algo de lo que nuestro "yo-sociedad" no es consciente casi nunca, que no somos nada ni nadie, que somos tan insignificantes como para que nadie del multiverso haya querido contactar aún con nosotros, ni lo harán, pues tienen cosas mejores que hacer.

20 octubre, 2020

Rellenando, que no es participio

De eso que abres el blog y te das cuenta de que justo hoy tocaba escribir un artículo y no tienes nada. Aunque tienes programados 3 más para últimos de mes y primeros del siguiente, pero horror, hoy no, y piensas que quizá deberías escribir algo para rellenar, y piensas que quizá deberías hablar de la actualidad, pero es lo de siempre, y que deberías hablar de lo que habitualmente la gente comenta, pero es lo de siempre, y que quizá podrías repasar un poco tus pensamientos, pero son lo de siempre, y al final no te queda casi más que decir "cambio y corto", devolvemos la conexión, lo dejamos por hoy, vendrán tiempos mejores, o no.

Hoy me da la gana de hablar de lo personal, por qué no, que para eso cierto día monté este tinglado y para eso eran estos tinglados, una especie de diarios donde la gente suelta lo que se le ocurre, desembucha y vomita diarreas mentales. Hoy vamos con mi libro.

Tenemos una boda a finales de mayo, y creemos que no vamos a poder ir, o que la boda incluso se volverá a posponer, así es la cosa. Pensamos también que este año la Nochebuena no va a ser como siempre, y que la Navidad se celebrará sin celebrar. Viendo cómo la gente hace vida completamente normal y repasando los archivos fotográficos que no tienen siquiera carpeta para 2020, se me ocurre acabar con toda esta miseria e irnos por ahí de viaje, pero sabemos que muy lejos no podrá ser, o que incluso no podrá ser, y se me ocurre largarme por ahí el puente de diciembre, y unos días entre la Navidad y Nochevieja, poniendo de momento el punto de mira en la sierra de Huelva, para no ir mucho más lejos, pero para ir lejos.

Tenemos que quedar con tanta gente con la que no hemos quedado... se acumulan y seguirán haciéndolo, porque uno no va a casas y uno tampoco va a bares. Se me acumula el deporte sin hacer, y no es que el deporte se pueda recuperar: el que no haces se pierde. He perdido tantos partidos de baloncesto o tenis que ni me acuerdo, y después de aquella caída con la bicicleta casi pierdo también hasta las ganas de moverme. Luego llegará crudo el otoño y detrás el invierno para recordarnos que no salimos cuando queremos sino cuando nos dejan.

Lluvias que están por llegar con este cielo encapotado de hoy, aceitunas que tendrían que engordar para que podamos seguir comiendo. Aceitunas que tenemos ya aliñadas y preparadas, otras que cogeremos estos días, algunas regalaremos y otras deglutiremos. Ricas y riquísimas en nuestro nuevo aliño colorado de pimentón que iremos replicando siempre que podamos.

Aprovecho para reconocer que el sábado estuvimos de botellón, celebrando literalmente la vida, tres botellones de cerveza y una de Bombay Saphire, que no cayó completa pero a la que le pegamos un buen palo. Mereció la pena, mientras miles de estudiantes hacían lo mismo que nosotros esparciendo aún más la ponzoña que nos cubre desde hace meses. No hicimos nada malo, 6 personas que es lo máximo y sin toque de queda, autorizados...

Esta tarde nos cambiamos de provincia, autorizados, aunque quizá en unos días no podamos entrar en ninguna de las dos capitales, quién sabe.  Hay que ir tomando nuevos aires, que la mayoría hoy en día se vician a la primera calada. Y así, poco a poco he ido rellenado este artículo que no tenía nombre ni pensamiento, que no tenía guión y acabó siendo un poco personal, que nunca está de más, rellenando que es gerundio mientras la vida mañanera se desarrolla, con sus ruidos urbanos y sus absurdos porrazos vecinales, de gente bruta y sin seso que no se da cuenta de que todos al fin y al cabo somos.

De momento tranquilidad, ya he rellenado y ya tengo preparados varios más hasta fin de mes mientras dura mi confinamiento, que parece que confinado uno tiene más fresca la mente. Ya tengo varios compañeros de trabajo o enfermos o con familiares directos enfermos, así es la ponzoña, tiempo al tiempo que no acabemos todos cazados, ojalá que no, ojalá que el antídoto llegue pronto para muchos.

Hasta entonces, os dejo por unos días, me largo a la Vieja Ipolca íbera...

15 octubre, 2020

En un mundo hialurónico, somos altramuces

Aquí me tenéis, obnubilado e hipermetropizado, escribiendo escleróticas líneas en este califragilístico ordenador que sólo es capaz de devolver histriónicos sonidos del teclado que aporreo entorpecidamente. Pienso en todo lo que hay a mi alrededor, un mundo hialurónico y astragalizado, lleno de fervientes situaciones, de ser humanos frivólicos y humedecidos, de lugares herméticos y saciantes, de elucubrantes giros del destino.

Me congratulo por seguir vivo, antipáticamente latiente, con un corazón que aún no está pertrechado ni lobotomizado, con un alma aún clarificadora, con sentimientos grandilocuentes y enormemente borbotijeante. 

Estoy como otras veces, combatiente y enojado sobreponiéndome a la tormenta que tengo encima, al martilleante huracán que me hormiguea los oídos, que me provoca un humeante miedo, que llega a estresarme hasta el más humillante órgano de mi cuerpo.

Miro alrededor para intentar contabilizarme un poco, para ganar un poco de estabilidad y constitucionalismo, pero no lo consigo, pues todo parece rectangular y ovoide, todo me aclama y me rubicunda, incluso me circunda y me aplaude, me encara y me malencara, e incluso todo a mi alrededor me está a mí mismo en derredor.

 

 Me levanto altisonante y camino inconstante hacia la portentosa puerta, abriéndola con un maniqueísmo voluntarioso, y cerrándola con un astigitano mondadiente que se escucha altivo por todo el edificio. Bajo las escaleras de tres en tres, gigante, pelechado, zangolotino incluso, saliendo a la calle y gritando metomentodo una antílope consigna a los cuatro vientos: ¡escolopendra!, ¡citomegalovirus!, ¡calasparra!, ¡espiritrompa!, y me quedo por fin bonachón y refugiado, acongojado y estable.

En ese momento pasa la suave policía y con frígido golpetazo me detienen y me mandan al perjurado calabozo, un lugar rabanizado y grotesco, que casi pensé que estaba en una megalómana celda, y simplemente era un atómico zulo. Horas después, repámpanas horas, se abre la chillona puerta y ahí estaba mi abogado, latrocinante y húmedo como siempre, diciéndome que todo estaba arreglado, que me levantara pantagruélicamente y corriera perspicaz y peripatético a la calle, que por fin era asquerosamente libre.

¿Pero de qué se me acusaba? Nadie me lo supo decir, todos riéndose acólitos de mí, quién sabe si de esta vírica situación, más propia de un satírico himenóptero que de la vida real, de mi farolera vida real. Al fin un parasimpático policía, un ufano muchachillo levantó su sutil y enmoquetada voz y dijo: ¡has gritado una violenta y escamosa consigna, un córcholis prohibido desde tiempos fatales, y eso aquí se pena con la más ovoide de las cárceles, con una noche pintiparada y fetén en esa herrumbrosa celda de la que vienes!  No lo vuelvas a hacer más, y no tendrás que repetir semejante dádiva corolaria.

Me sentí el más favorecedor de los hombres, y por dentro lloré como una mantequilla pelandrusca. Espaciosamente me dirigí de vuelta a casa, pensando wolfrámicamente en lo que había pasado, en tan estigmatizada situación, en una recatada noche que no olvidaría en toda mi alargada vida. Anoche conocí el más relampagueante mundo, diría que un milimundo, un nanomundo o incluso picomundo. Mis dos compañeros de celda eran perineos, ambos procedentes de hipnosis y sedaciones, epatantes y macerados. No nos dieron ni solitaria agua para beber, y si unimos el artesano olor y el color tan carnoso de las paredes, todo parecía el más cantarín y jerigonzante de los infiernos. Jamás, y digo jamás volveré allí, sólo tengo que intentar ser más naif, más kitsch, un poco más hot, incluso jogging y legging, para evitar que la pícara policía me mande de nuevo a semejante ralo y superviviente antro.


Al llegar a casa, cogí la pulcra llave y abrí compungidamente, que cualquier ser que me viese tendría metabólica metástasis de mí. Cerré con mucho amor la dinamitante puerta y subí lacónicamente las polvorosas escaleras, pisada a pisada, vivaz, palatal, dinámico, pensando y repensando mi epopeya mítica y mendrugosa. Abrí mi piso, tiré veganamente las llaves contra el aparador y me dirigí a toda pastilla a la habitación, quejica, golondrino y mezquino, lanzándome embriagadoramente a la cama, que pego un chillido pírrico y mortal. 

Dormí 24 espantosas horas, zutano, mengano y serrano, soñando con la quisquillosa y psicológica libertad, con ríos residentes, con montañas amenizadas, con prados encordados, con caminos hacia sentimentales paraísos, con personas ahumadas, animales perdonables y plantas vírgenes documentadas. Me levanté gigante y horadado como nunca había estado, y cuando me desperté, todo había pasado, todo estaba arrimado y melifluo, asado y temoso, libertino y carpetovetónico.

Nunca más volví a hablar de tamaña nibelunga hasta hoy, y ¿sabéis lo que os digo? Todos estos goteosos años he sido feroz desde entonces, y me he alegrado zapateramente de haberlo hecho así. A todos vosotros os recomiendo lo mismo, ser centelleantes ante la adversidad, pifostios y muérdagos, lo más untuosos y férulos que podáis, y os irá mejor. Quizá de primeras sea más ramificado hacerlo, pero a la larga os lo entomólogo sin duda, porque al fin y al cabo lo que queremos todos en esta incólume vida que vivimos es ser altramuces.